viernes, 21 de octubre de 2011

17.

A la mañana siguiente, después de prepararnos, Nick y yo fuimos a buscar a los chicos. Después de asegurarnos entre risas de que no salía ningún gemido de la habitación nos atrevimos a llamar a la puerta, arriesgándonos a sufrir un ataque de mal humor matutino por parte de Mer, quien tenía muy mal despertar.

-¡Frank, abre la puerta! –Oímos que gritaban dentro.

-Ábrela tú, no te jode. –Dijo Frank dormido.

-¿No ves que estoy en la ducha?

Y después de algunas quejas por parte del chico conseguimos que nos abrieran la puerta.

Fuimos a desayunar a la cafetería del hotel. Muy buen servicio, pero demasiada comida para mí. Una vez hubimos terminado fuimos a dar un paseo por la ciudad en un carro de caballos, el cual, al igual que las habitaciones del hotel, era para dos. Pero esta vez Mer quiso subir conmigo. Íbamos detrás de los chicos, no muy atrasados.

-Reila, el hecho de que las habitaciones sean de dos no es ninguna casualidad. Y mucho menos que tú la compartas con Nick. Este viaje lo hemos organizado el enano y yo por un simple motivo: Que acabéis juntos. Así que no seas tímida y lánzate por una vez en tu vida, porque tarde o temprano tendrá que suceder… Y mejor que sea ahora y no dentro de cuarenta años cuando no podáis disfrutar de la vida plena. –Hizo una pausa. –Lo que quiero decir es que está clarísimo que hacéis una pareja ideal y no podéis seguir perdiendo el tiempo y haciendo el tonto de esta manera. Así que te quiero ver muy cariñosa con Nick en este viaje…

-Pero…

-¿Pero qué? –Me interrumpió. –No me vengas con tonterías del tipo “no me corresponde”, “no sé si estoy preparada”, “no pegamos”, blah, blah, blah. Él está loquito por tus huesos, y se nota que tú te mueres por los suyos. ¿Qué problema hay?

En ese momento las dos guardamos silencio y Nick miró hacia atrás. Me aguantó la mirada unos segundos y siguió hablando con Frank. Supongo que este le estaría echando el mismo discurso…

La verdad es que me habría gustado ver las cosas como las veía Mer: tan sencillas, porque seguramente eran así de simples. Supongo que tendría que asumirlo: Quería a Nick. Sí, porque cuando iba a pasar la noche a casa de Frank le echaba de menos, porque ese aire tan misteriosos y callado que mostraba me hacía querer besarle, aunque intentara apartar ese pensamiento… Sabía que lo quería porque procuraba tener el mayor contacto con él, porque siempre estaba pendiente de si necesitaba algo, porque después del primer abrazo soñaba cada noche con un segundo, y un tercero, y una vida llena de abrazos como aquel. Quizá no una vida con él, eso era mucho tiempo… Pero sí una vida en la que pudiera recordar una y otra vez la intensidad del contacto…

El carro paró y de un empujón Mer me sacó de mi sueño. Me había perdido todo el paseo por ir pensando en las musarañas, así que no tenía ni idea de cómo era Londres. Por votación decidimos entrar en un centro comercial, aunque sólo fuera a mirar, ya que aún no habíamos cambiado los dólares por libras. Frank y Mer se escabulleron así que mi príncipe oscuro y yo acabamos solos otra vez.

-Me gusta esto… -Comentó Nick refiriéndose a un gorro de lana a rayas azules y blancas.

-Quedaría genial con tu pelo y tu tono de piel…

Se lo puso.

-¿Tú crees? –Dijo sonriendo cómicamente.

-Claro. –Reí un poco. –Pero te recuerdo que no tenemos dinero…

-Tampoco pensaba comprármelo, tengo como tres iguales. –Hizo un gesto de indiferencia.

Nos aburrimos de lo lindo porque claro, ¿qué puedes hacer en un centro comercial sin dinero? Sin saber dónde estaban los chicos nos sentamos en un banco a dejar pasar el tiempo.

-Hey, mira a esos… -Indiqué a Nick señalando a un grupo de chavales con guitarras.

-¿Qué?

-Pues que podríamos hablar con ellos o yo qué sé. Parecen guays. –Dije impotente.

-Las apariencias engañan. –Dijo antes de acostarse en el banco.

Aburrida de estar allí sentada y cansada de la actitud de mi acompañante me levanté y me dirigí a lo que aparentemente eran músicos.

-Hola. –Saludé.

-Hola, guapa. –Dijo el que llevaba el pelo negro.

-Sois músicos, ¿no?

-Ajá. Estamos formando una banda… No tenemos muy claro el nombre, pero ya nos saldrá. –Me miró de arriba abajo con unos intensos ojos verdes. -¿Y cómo te llamas?

-Gerard, por favor. Deja de hacer el imbécil, que llegamos tarde. –Dijo un chaval con gafas y un aspecto preocupado.

viernes, 14 de octubre de 2011

16.

Esa noche no volvimos a hablar sino para decidir qué íbamos a ver en la televisión después de cenar.

Pasó una semana, y otra, y otra… Después de dos meses se podía decir que había mejorado la confianza entre nosotros. No digo que fuéramos súper amigos, ni que nos abrazáramos en alguna ocasión simplemente podíamos vivir como los compañeros de piso que éramos por el momento y si alguno necesitaba algo no dudaba en pedírselo al otro. De todas maneras no dejábamos de tener las típicas disputas por cosas estúpidas y por lo que parecían ser celos. A Nick ya no le hacía mucha gracia quedar con Amy y cuando estábamos juntos ni se rozaba por ella, sin embargo parecía que la chica me hacía la pelota porque no paraba de tener gestos cariñosos conmigo. Quizá delante de mí Nick no la soportaba, pero tampoco sabía lo que hacían a mis espaldas.

Avanzamos mucho en la casa de enfrente y después de haberla pintado y arreglado los desperfectos empezamos a llenarla con los muebles que habíamos comprado. Estaba quedando muy bien, y la verdad es que gracias al tiempo libre que teníamos los dos y a la ayuda de Frank, que venía de vez en cuando a visitarnos, estaría lista en poco tiempo.

Cada noche, después de llegar del duro trabajo de la obra, tomaba una ducha y me acostaba a leer. No me dormía hasta que oía a Nick desearme buenas noches sin abrir la puerta de mi habitación ya que era primavera y yo dormía en ropa interior. Siempre fue muy tímido en ese sentido, y siempre respetó mi intimidad. Poco a poco fuimos entrando en mayor contacto, pero a lo más que llegábamos era a estrecharnos la mano o darnos una palmadita en el hombro. Sólo en una ocasión me abrazó y unas horas después me pidió perdón mil veces y me dijo que no volvería a pasar, sin embargo no fue capaz de prometérmelo.

Estábamos en los recreativos con Mer y Frank, los cuales se habían hecho muy amigos, y sin previo aviso llegó Amy. Justo cuando iba a saludarla Nick me agarró de la camiseta y tirando de mí me dio un largo y fuerte abrazo mientras notaba cómo sus encendidas mejillas desprendían calor. Cuando nos separamos lo hicimos lentamente y nos miramos con incredulidad unos instantes, después me giré y pude ver cómo Mer y Frank mostraban una tierna sonrisa, mientras que Amy parecía disgustada con alguno de nosotros.

Nick y yo pasamos todo el camino de regreso a casa, el cual habíamos decidido hacer a pie, en silencio. Y cuando llegamos el chico me preparó la cena y un baño de burbujas.

-¿Qué quieres? –Pregunté al ver tanta amabilidad.

-Lo siento, hoy no debí abrazarte. Ha estado mal.

-¿Qué? –Me eché a reír –Nick, no seas estúpido. Sólo ha sido un abrazo, no tiene nada de malo, todos los amigos se abrazan.

-¿Tú y yo somos amigos? –Preguntó mirándome.

-Claro. ¿Qué si no? –Y sin esperar respuesta subí a tomar el baño que Nick me había preparado.

El caso es que después de dos meses seguíamos prácticamente en el mismo punto. El único cambio importante era que habíamos dejado de salir con mi habitual pandilla por lo sucedido con Ethan, sin embargo conservaba el número de los demás por si algún día me apetecía quedar con alguno. Por el momento éramos Mer, Frank, Nick, yo y, en ocasiones, Amy, a la que nadie había invitado pero que se empeñaba en estar con nosotros, o como pensaba yo, con Nick que parecía odiarla.

Pasado un mes más los cuatro decidimos tener un poco más de vida social y, convencidos por Frank, decidimos hacer un viaje a Londres.

No teníamos a nadie de quien despedirnos o a quien echar de menos así que irse fue fácil. Lo más dramático que hubo fue una llamada de la madre de Mer para decirle que comiera bien. Frank no estaba muy unido a sus padres, no sabía nada de los de Nick y los míos estaban muertos.

Después de horas de viaje estábamos agotados así que nos fuimos directos al hotel en el que residiríamos la siguiente semana. Las habitaciones eran de dos personas y Mer y Frank estaban más que empeñados en quedarse en la misma, todos sabemos por qué. No es que fueran a empezar una relación ni mucho menos, pero estaba claro que existía cierta tensión sexual entre ellos. Como estábamos demasiado cansados para protestar, cedimos y acabamos durmiendo en la misma habitación, sólo separados por un metro.

martes, 11 de octubre de 2011

15.

-¿Tiene que venir a algo? –Dijo acercándose a mí con una sonrisa más que insinuante.

Sin darme a tiempo a responder nuestros labios se unieron en un largo beso. Su mano derecha se encontraba detrás de mi nuca y momentáneamente entraba en contacto con mi pelo, mientras que la izquierda intentaba colarse por la parte de abajo del vestido.

Abrí los ojos.

-Reila, joder despierta de una puta vez. –Oí la voz de Nick. –Estabas soñando. Anda vete a la cama que si no mañana te dolerá todo… -Dijo al ver que abría los ojos.

-¿Hmm?

-Venga…

Me cogió por un brazo y me sentó de un tirón. Al ver que seguía sin reaccionar coló un brazo por debajo de mis piernas y la otra en mi espalda haciendo que quedara totalmente apoyada en su pecho. Y, a pesar de lo delgado y frágil que parecía, me subió por las escaleras hasta mi habitación y me acostó en la cama, cerrando suavemente la puerta después de salir.

A la mañana siguiente desperté totalmente bañada en sudor, así que me tomé una ducha, a pesar de que me había duchado por la noche. Había puesto el agua ardiendo para relajar la tensión de mis músculos y fue como un regalo sentir cómo caía por las curvas de mi cuerpo.

Mientras me enjabonaba la cabeza sonó el timbre y pude oír que la puerta de la habitación de Nick se abría y éste salía refunfuñando.

Intentando evadirme de cualquier cosa a mi alrededor ignoré todo sonido que viniera de la parte de abajo y disfruté de una larga ducha. Después de salir y haberme secado el cuerpo me puse la ropa interior. Luego pasé con fuerza la toalla por mi larga melena y sin peinarme fui a mi habitación para ponerme algo cómodo y bajé al salón.

-Pero es que no puedo ignorar lo que siento… -Decía Amy cuando entré en la sala.

-Hola.

-Re- Reila. –La chica se ruborizó.

-¿Qué haces aquí? No sabía que supieras donde vivo.

-He venido a hablar con Nick, pero creo que no está de humor… -Paseé la mirada de uno a otro y, efectivamente, estaba muy serio. –Tú dirección me la ha dado Ethan.

-¿Cómo está? –Pregunté.

Nick me miró inmediatamente, no sé si su mirada era de sorpresa o de enfado, pero lo que estaba seguro es que no le había hecho ninguna gracia que lo preguntara.

-Bien, supongo. Se la suda la polla todo…

Nick rió por lo bajo y eso hizo que Amy se sorprendiera ligeramente.

-Bueno, Reila, me voy que he quedado. Ya nos vemos. –Hizo amago de darme dos besos para despedirse pero, después de echar una furtiva mirada al chico que seguía sentado en el sillón, decidió cambiar de idea y no hacerlo.

-Qué raro es todo… -Dije muy bajo una vez que Amy se había ido.

-¿El qué? ¿Qué le importes una mierda a Ethan? Eso no me parece tan raro. –Respondió Nick muy cabreado al tiempo que se levantaba.

Cuando pasó por mi lado le agarré por el brazo deteniéndole.

-¿Qué cojones te pasa?

-¿A mí? ¿Qué podría pasarme? –Y se soltó de lo que le aprisionaba.

Le seguí y entré con él a la cocina.

-Veo que Amy y tú os lleváis bien… -Me miró levantando una ceja. –Si vas a traerla muy a menudo para follar me avisas, para no estar en casa y eso… Más intimidad para vosotros.

-Sí, tan bien como tú y Ethan, ¿no? –Se paró un momento y me miró. Luego empezó a sacar cosas de la despensa para preparar algo de comer. -¿A qué coño venía esa pregunta? Él te trata como a una mierda y tú te preocupas por cómo está… Genial.

-Creo que no hay que darle tanta importancia.

-Claro, si te importas una mierda a ti misma pues no, no hay que darle importancia. Pero para una persona que se preocupa por ti es jodido ver cómo un mamón te utiliza como un pañuelo y luego te tira a la basura, como si no fueras nada… -Dijo casi gritando.

-¿Cómo sabes eso? –Hice una pausa- ¿Cómo sabes que para alguien que se preocupa por mí es jodido?

No contestó, y yo no insistí. Después de un cuarto de hora en el que yo me limitaba a mirar la espalda de Nick mientras él cocinaba, me levanté de la silla en la que me había sentado.

-¿Qué estás intentando hacer? –Pregunté muy suave.

-Una lasaña… -Pareció rendirse.

-Me gusta con más queso.

Cogió más queso y lo puso por encima de los demás ingredientes.

-Así que te preocupas por mí… -Dije refiriéndome a la discusión anterior.

martes, 4 de octubre de 2011

14.

-¿Tú qué? –Pregunté impaciente.

-¿Recuerdas el sueño que te conté? El de la chica que muere, con el que sueño cada noche.

-Claro. –No era cuestión de olvidar lo poco que me contaba de él.

-Cuando estoy contigo no lo tengo. Cuando duermo en tu casa no sueño, pero esta semana que he estado fuera ha vuelto a suceder y cada vez es más insoportable.

-Bueno, casualidad. ¿Era eso lo que querías decirme? –Dije un tanto desilusionada. Supongo que quería escuchar un te quiero de sus labios… Aunque no sé por qué.

-No, no es casualidad. Lo sería si el sueño fuera diferente… Pero en este caso no puede ser una coincidencia. –Me miró unos instantes antes de volver a fijar la vista en la carretera y al ver mi expresión volvió a hablar. –Reila, tú eres la chica que aparece en mis sueños.

-¿Qué?

En ese momento empecé a visualizar cada detalle del sueño, punto por punto y hecho por hecho. Busqué cualquier cosa que me revelara el mínimo dato sobre lo que Nick pensaba o sentía hacia mí.

-Ya lo has oído. No me hagas repetirlo. –Dijo sin mirarme en ningún momento.

-¿Eso significa algo? –Tuve el valor de preguntar. –Quiero decir, en el sueño la chica, osea yo, es el amor de tu vida… ¿Eso significa algo?

-Hemos llegado. –Dijo aparcando el coche y bajándose de este.

Apresuradamente abrí la puerta y me arrojé fuera del Audi de Nick. Corrí hacia él y le agarré por la manga de la chaqueta negra que llevaba.

-Nick, ¿significa algo? –No contestaba. -Mírame y dime algo.

En un rápido movimiento Nick se zafó de mi mano y empujándome contra la pared quedamos uno enfrente del otro, sólo separados por algunos centímetros y con las respiraciones agitadas. Sus brazos me impedían escapar ya que estaban colocados uno a cada lado de la pared en la que Nick me había dejado empotrada. Claro que yo tampoco quería escapar… Pude notar su aliento mentolado, y el calor de su cuerpo me invadía. Sin embargo y muy a mi pesar él no permitió que nuestros cuerpos se tocaran en ningún momento.

-No insistas, Re. –Dijo bajando el rostro y alejándose de mí. –Vamos a comer…

Y no tuve más remedio que aceptar la situación. No podía pretender que Nick me quisiera si yo no sabía lo que sentía por Nick. Que me atraía sexualmente estaba más que asumido. Pero, ¿amor? No creo, era demasiado pronto como para sentir algo tan fuerte por él. Sin embargo necesitaba besarlo… Me apetecía mucho. Igual que me apetece un cigarrillo después de una gran disputa. Y bueno, si pensamos en su sueño podemos sacar la conclusión de que estamos destinados a querernos… Pero sólo es un sueño, ¿no?

Entramos en la cafetería. Bueno, en el tugurio más que cafetería. Era un bar de mala muerte al cual sólo parecían ir borrachos y enfermos.

-¿A dónde coño me has traído? –Pregunté a Nick por encima del hombro.

-Tengo un colega aquí que nos dará de comer gratis.

Resoplé. ¿Tenía “colegas” en todos lados o qué?

Después de tomarme la chuleta más seca de mi vida y de unas cuantas preguntas insinuantes por parte del conocido de Nick, nos fuimos. Yo apunto de vomitar y mi compañero echándole miradas asesinas a su colega que reía exageradamente.

No entendía que se pusiera celoso e intentara protegerme con miradas. No podía pretender que no se me acercara nadie más que él si no me decía lo que sentía.

Llegamos a casa agotados y lo primero que hice fue tirarme al sofá como si fuera un plomo. Una vez más, como el día que nos conocimos, pude notar la mirada de Nick clavada en mis piernas, que quedaban total y enteramente al descubierto por lo corto del vestido.

Me duché una vez más y mientras veía la tele pude oír el agua correr, signo de que Nick también estaba tomando una ducha.

Al terminar se sentó a mi lado y pude oler la dulce fragancia a champú de limón. Vimos la tele un rato, compartimos un bol de palomitas y algún que otro comentario sobre la programación.

En un momento determinada pude notar que Nick ya no miraba la televisión, que su mirada estaba fija en mi perfil y que parpadeaba con mucha suavidad.

-Estás preciosa con el pelo mojado… -Dijo colocando un mechón de mi húmedo pelo detrás de mi oreja.

-¿A qué viene esto?

lunes, 3 de octubre de 2011

13.

-Nadie te lo impide. –Dije al fin.

-En realidad sí. Me lo impido yo mismo. No estoy seguro de si debería…

Hubo un silencio. No muy largo, pero sí lo suficiente como para que me sintiera incómoda.

-¡Nick! –Se oyó un grito a nuestra espalda rompiendo aquel extraño ambiente. –Joder, ¿dónde estabas, colega? Te he buscado por toda la casa. Oh, veo que tienes compañía. Si quieres me voy…

-No, tranquilo. ¿Qué quieres, Frank? –Dijo Nick antes de que los dos nos giráramos al mismo tiempo.

Un chico de ojos increíblemente verdes y baja estatura permanecía apoyado en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos. Lucía unos pantalones vaqueros y una camiseta que dejaba ver unos brazos totalmente cubiertos de tatuajes. Aparte de poseer una sonrisa pícara y tentadora a la vez que dulce, el aro del lado izquierdo de su labio inferior resultaba muy sexy junto con el de su nariz.

-Que me ayudes a despertar a toda esta gente para que se vayan a sus jodidas casas. –Hubo una pausa. –Oye, ¿te pasa algo?

-¿Eh? No, que va. Ahora voy.

-Te espero en la cocina… Termina lo que quiera que estuvieras haciendo. –Y giñó un ojo antes de entrar.

-Reila, tengo coche. Podemos volver juntos a casa…

-¿Desde cuándo tienes coche? –Pregunté extrañada.

-Desde siempre. Frank me lo ha guardado un tiempo. Bueno, ¿quieres o no que te lleve a casa?

Me lo pensé un momento.

-Vale…

Entonces Nick desapareció por la puerta y no pude decir nada más.

Me volví a sentar en las escaleras. No estoy muy segura de qué hice la casi media hora que permanecí allí. ¿Pensar? Si no eso, algo parecido.

Cuando pude reaccionar me levanté y caminé hasta encontrar a Mer. Sin decir nada me coloqué a su lado y apoyé mi cabeza en su hombro.

-Re, me tengo que ir… Tengo que trabajar y bueno, aunque la ducha de hoy ha sido muy satisfactoria, tengo que cambiarme de ropa y esas cosas…

-Claro, entiendo. –Dije sonriendo. Aquella chica era un amor.

-Toma mi número. Nos vemos, enana.

Y se fue. No la vi hasta un mes más tarde, pero eso lo contaré más adelante…

En la casa ya no quedaba nadie más que Nick, Frank y yo. Eso sí, aquello parecía un vertedero… Así que decidí ayudar a limpiar para que aquello no se les hiciera tan pesado a los chicos.

Más de una vez me pregunté dónde estaría Ethan mientras yo recogía vasos y toda clase de porquería del suelo. Quizá porque él también se había convertido en basura para mí.

-Chicos, yo recojo lo que queda… Ya es tarde, iros a casa. –Dijo Frank cuando eran casi las dos del mediodía.

-Gracias, tío.

-Por cierto, yo soy Frank. –Dijo dirigiéndose a mí. –Nick no se ha tomado la molestia de presentarnos. Es un impresentable. –Guiñó un ojo de nuevo.

-Yo soy Reila… -Me presenté tímida y sonrojada.

-Bueno, vámonos. –Dijo Nick tirando de mi brazo.

-Tranquilo, que no te la voy a quitar a pesar de que sea tan guapa como me la describiste. –Oí que gritaba Frank mientras salíamos por la puerta casi corriendo.

Una vez en el coche noté un ligero y casi extinguido rubor en las mejillas de Nick.

-Ignora a Frank…

-¿De verdad?

-Bueno, ¿tienes hambre? –Cambió de tema rápidamente.

-La verdad es que estoy hambrienta…

-Bueno, pues vamos a comer algo y luego volvemos a casa.

-¿Por qué siempre estás tan serio?

-¿Hm? No sé.

-¿Qué querías decirme esta mañana en el porche?

-Creí que ya lo habrías olvidado… -Dijo con pesar.

-Pues ya ves que no.

-Es una tontería… -Intentó escaquearse.

-Quiero escucharla.

-Reila, yo…