jueves, 22 de diciembre de 2011

22.

-¿Qué ha sido eso? –Pregunté con miedo a que Frank nos viera así.

-Yo no he oído nada… Habrá sido tu imaginación. Duérmete un rato. –Contestó tranquilo cerrando los ojos.

Y yo, como una niña buena que pretendía ser, obedecí y en cuestión de minutos disfrutaba de un plácido sueño acompañado de la respiración de mi compañero.

*Amy*

Llamé a la puerta e intenté entrar. Para mi suerte esta estaba abierta, pero no había nadie a mi alrededor. Había llegado hasta allí para hablar con Frank, pensaba contarle lo que sentía por Reila y pedirle consejo… Además, esperaba que pudiera ayudarme a prepararle algo bonito ya que a mí esas cosas no se me daban demasiado bien.

Entré y caminé por las diferentes salas de la planta baja esperando que alguien respondiera a mi llamada.

-¿Frank? ¿Frankie, estás ahí? –Preguntaba al aire.

Cuando estaba a punto de rendirme y salir por la puerta con la idea de que se había quedado abierta pensé que quizá hubiera alguien en la parte alta. Y subí. Silenciosamente avanzaba por el pasillo mirando dentro de las habitaciones que tenían la puerta abierta, tenía miedo de que el enano estuviera durmiendo y yo pudiera despertarlo. Si no veía a nadie me marcharía, ya hablaríamos otro día. Entonces llegué a la habitación de Frank, y esperando encontrarlo ahí asomé tímidamente la cabeza. Lo que vi me dejó sin palabras, no podía creerlo. Reila yacía en el torso de Nick, ambos desnudos, apenas tapados por una fina sábana. Nick tenía las manos en la pequeña cintura de la chica, de mi chica. Despacio, sin despertarlos, me acerqué a la cama y aún con la boca abierta, rota de dolor y muerta de vergüenza por tal insulto a mi inteligencia, perdí el control de mis actos. Ágilmente cogí el cenicero de cristal que había en la mesilla de noche y lo elevé sobre mi cabeza dispuesta a cometer un error alimentado por la decepción. Nick se despertó al grito de “capullo” y el cenicero se hizo añicos en su cabeza haciendo que con un gemido de dolor cayera al suelo inconsciente. El ruido y los bruscos movimientos hicieron que se rompiera el sueño de Reila y esta se dio cuenta la situación, reaccionando rápidamente. Corrió hacia el teléfono y llamó a la policía antes si quiera que llorar un poco al lado de su novio. A todo esto, con sus fuertes movimientos, yo contemplaba la perfección de su cuerpo y el movimiento de sus senos con fascinada expresión. Me acerqué a ella y agarrándola por las muñecas empotré su cuerpo desnudo contra la pared.

-Reila, tú me has obligado a hacerlo. Todo podría haber sido más fácil. –Me temblaron un poco las palabras antes de que una lágrima cayera por mi mejilla. –Yo te quiero, podemos ser felices.

-Me haces daño. –Respondió esquivando mi intento de besarla.-

-Princesa, si no quieres estar conmigo no estarás con nadie. –Sentencié dejándola libre para romper el espejo de la habitación.

Ella gritó cuando los destrozados pedazos de cristal cayeron al suelo y me miró con una expresión de terror cuando me vio coger uno de considerable tamaño.

-¿Qué pretendes hacer? –Quiso saber mientras yo devoraba su desnudo cuerpo con una perversa mirada lasciva.

-Matarte, es obvio, ¿no? Una vez muerta podré hacer con tu cuerpo lo que quiera. Ya no podrás negarte a estar conmigo, y no te irás con ese gilipollas. Serás mía, y me amarás como yo te amo a ti. Porque te amo con mi alma, Reila…

En ese momento varios coches de policía y una ambulancia aparcaron en la entrada de la casa. Debo admitir que eso me distrajo un poco y le dio tiempo a Reila para golpearme dejándome tirada en el suelo y buscar algo que ponerse encima justo en el momento en el que dos agentes entraban en la habitación. Intenté oponer resistencia y escapar, pero eran dos hombres contra mí y no pude hacer nada para impedir que me esposaran con las manos a la espalda y me llevaran afuera para meterme en un coche y llevarme a declarar. De camino a comisaría escupí y maldije a la madre de los agentes en varias ocasiones… No creo que eso ayudara a mi situación, pero me sentí libre porque era lo que quería hacer.

*Reila*

Una vez la policía se hubiera llevado a aquella loca desquiciada me subí en la ambulancia para acompañar a Nick al hospital. Los enfermeros habían dicho que tenía traumatismos y no pensaba dejarlo sólo ni un momento, no ahora.

Llegamos de forma rápida y sin dificultad pero una vez en el hospital tuve atender a maneras ya que no me dejaban ir con Nick hasta la sala en la que iban a hacer que se recuperase, en palabras de ignorante.

Pasé toda la noche en la sala de espera hasta que cuando por fin ya era de día, a primera hora de la mañana, me permitieron entrar con mi chico si prometía no causarle molestias y dejarle descansar. Así que en lo que él se despertaba yo tomé una ducha en el baño de la habitación. Cuando salí del baño una mujer que no conocía lloraba agarrada de la mano del chico que yacía en la cama.

-¿Hola? –Pregunté al tiempo que la mujer se giraba y me dejaba ver su rostro.

sábado, 3 de diciembre de 2011

21.

No supe nada de Nick hasta llevar tres días desaparecido. Después de haberle llamado miles de veces sin obtener respuesta, decidí hablar con Frank y Mer. Ya sé que podría haberlo hecho antes, pero contarles que Nick se había ido muy enfadado de casa requería una explicación, y si les contábamos a los chicos algo sobre lo nuestro, quería que fuéramos los dos juntos. Sin embargo, no soportaba la idea de no saber dónde ni cómo estaba el pelinegro.

-¿Nick? Sí, está en casa. No sé qué habrá pasado, pero está muy cabreado, eh. –Me contó Frank sin pedirme explicaciones, como yo esperaba.

-¿Crees que podría ir a verle?

-Claro. –Me lanzó las llaves de su casa. – Por intentarlo. Te digo, a mí apenas me habla, pero bueno, eres tú…

Sin terminar de entender lo último, me apresuré a buscar un taxi.

-¡Hey! Reila, que te presto el coche. –Oí que gritaba Mer.

Me paré en seco, sopesé la idea y rápidamente volví con los chicos, cogí las llaves del coche y me fui hasta él. Tenía que llegar cuanto antes, pero al parecer el tráfico estaba en contra… Esto me dio tiempo a pensar lo que le diría cuando le viera. Aún así nada de lo que podía decir me pareció apropiado y cuando llegué estuve alrededor de una hora en la puerta de la casa de Frank, sin decidirme a entrar. Mis temores más estúpidos sobrevolaban por encima de mi cabeza, y mientras el viento movía mi negra melena yo me imaginaba a Nick con otra mejor que yo, abandonándome por ser tan estúpida.

En un acto inconsciente empecé a llorar justo antes de que en frente de mí se abriera la puerta principal para que apareciera allí, como un ser divino, aquel chico de ojos azules. Nick se quedó paralizado y pude mirarle a la cara. Entonces me di cuenta de que volvía a tener esas ojeras que indicaban su falta de sueño, iguales a las que se podían ver cuando le conocí.

-Reila… -Dijo despacio, indeciso.

Más tarde me contó que en aquel momento no sabía qué hacer, si arrastrarse y pedir perdón porque no podía vivir sin mí o si mantener el orgullo en alto y esperar a que fuera yo la que me arrastrara.

Me miró, esperando a que dijera algo. Le miré, observando sus tistes ojos. Y como si nos hubiésemos leído la mente nos abalanzamos uno sobre el otro, sellando el contacto con un desesperado beso.

Perdió el control de sus manos, perdí el control de mi lengua, y en un torpe movimiento Nick me hizo entrar en la casa sin soltarme en ningún momento, cerrando luego la puerta, en la que bruscamente me dejó caer. Su cuerpo ejerció una fuerte presión sobre el mío y pude notar sus músculos tensos rozarse por mi silueta. Poco a poco fuimos desnudándonos, el uno al otro, sin dejar de besarnos lujuriosamente.

-Arriba. –Susurró con la respiración entre cortada antes de pasar su brazo por debajo de mis piernas y elevarme del suelo. Antes de subirme a la planta alta y dejarme suavemente en la cama de matrimonio de la habitación de Frank. Antes de dejar toda nuestra ropa en la parte baja.

-Lo siento por… -Intenté disculparme casi sin voz.

-Shh, ya habrá tiempo para eso. –Me interrumpió.

Y se acostó sobre mí, poniendo toda nuestra piel en contacto. Mientras me besaba su mano empezó a masajear mi húmedo sexo y unos segundos más tarde yo me decidí a hacer lo mismo en su cuerpo. Poco a poco sus labios se fueron trasladando a lo largo de mi cuello para luego pasar a mis senos y, más tarde, a mi liso vientre, jugueteando con mi ombligo. A todas estas yo no paraba de producir sonidos lascivos y gemidos que invitaban a tomar mi cuerpo.

Sin poder aguantar más, hice que giráramos sobre nosotros mismos, quedando yo encima de Nick. Recogiendo mi larga melena en una sola mano y apoyando la otra sobre el vientre de mi amante comencé a mover la cadera en círculos sensualmente, mientras Nick masajeaba mis pequeños pechos. Aquello se había convertido en una ópera sexual, y nosotros éramos el dúo de voces.

-Re-reila, p-por favor… -Suplicó jadeante.

Entonces, colando una mano por debajo de mí conseguí colocar su duro y mojado miembro en vertical y así poder ser penetrada. Al principio me movía despacio y suavemente, haciendo que Nick estallara de placer; sin embargo mis movimientos se tornaron bruscos y, con una velocidad inimaginable, empecé a cabalgar sobre el pelinegro. Arriba, abajo, arriba, abajo… Y mis pechos bailaban al ritmo de las estacadas.

Los gritos podían haberse oído en todo el barrio, bien lo sabía yo, pero nunca nos comentaron nada…

Un incesante fuego prendía hasta mis ideas más profundas, y apenas podía abrir los ojos del placer que aquel chico me estaba proporcionando.

-M-me vengo-o… -Oí que decía a duras penas.

Y, efectivamente, segundos después un líquido caliente me llenaba por dentro y Nick dejaba de forzar mis movimientos. Me dejé caer y, después de posar un tierno beso sobre sus labios, apoyé la cabeza en su pecho. Él posó sus manos en mi cintura.

-Te quiero, Reila. Y siento la escenita del… -Empezó a disculparse.

-Shh, ya habrá tiempo para eso. –Le interrumpí como había hecho él anteriormente.

Cuando ya llevábamos allí quince minutos, disfrutando del ambiente que había quedado y aprovechando el calor que desprendían nuestros cuerpos, sonó el timbre, para posteriormente dar lugar al sonido de una puerta abriéndose.

sábado, 26 de noviembre de 2011

20.

Pasó un mes. Ya hacía tiempo que nos habíamos ido de Londres y ni Frank, ni Mer sabían nada de lo ocurrido en la fiesta. Nick y yo habíamos iniciado una relación pero no queríamos que nadie lo supiera aún, guardaríamos el secreto un tiempo y que los demás se enteraran cuando se enterasen. Habíamos dejado la obra de lado con la excusa de que el tiempo estaba mal para trabajar, pero lo cierto es que ninguno de los dos queríamos que Nick se fuera de casa, ya que por fin había cogido confianza y se encontraba a gusto allí.

Muchas noches asomaba la cabeza por la puerta de mi habitación y susurrando mi nombre hacía que le mirara, entonces se acercaba casi corriendo y entre risas empezaba a hacerme cosquillas. Después de estar un rato revolcándonos en la cama, una vez él abandonaba su intento de hacerme llorar de risa, me abrazaba con sus delicados brazos y dormíamos juntos. Más de una vez alguno de los dos acabó en el suelo, ya que la cama era demasiado pequeña. Y luego, cuando despertábamos, y de forma tierna, rozándonos el uno contra el otro, preparábamos el desayuno.

Fue una época feliz como ninguna. Cada día despertaba con motivos para sonreír, motivos por los que ponerme guapa. Ya no estaba sola, no sólo tenía a un chico fantástico, aunque con sus ataques de celos, sino que me acompañaban otras dos personas de las cuales me había hecho amiga inseparable: Mer y Frank.

Las cosas habían cambiado mucho en apenas un año, pero no me importaba mientras el cambio fuera tan positivo como aquel.

Cierto día, mientras Nick y yo desayunábamos en la cocina, llamaron a la puerta.

-Voy yo. –Dije mientras me levantaba de la silla y dejaba un suave beso en los labios de aquel chico de pelo negro.

Al abrir la puerta me encontré cara a cara con Amy, que venía muy arreglada para ser tan temprano.

-Buenos días, Amy. ¿Qué te trae por aquí?

-¿Está Nick en casa?

-No. –Mentí. -¿Por qué?

-Quería hablar contigo. –Entró y se sentó en el sofá

-¿Y bien? –Pregunté mientras me sentaba a su lado.

Entonces en un movimiento rápido me agarró por el cuello y acercándome hacia ella, me besó. El desconcierto y la preocupación de saber quién estaba en la cocina hicieron que la apartara de un empujón.

-¿Qué demonios haces? –Grité sabiendo que Nick me oiría.

-Reila, te quiero, ¿vale? Eres preciosa, divertida, inteligente… No sé, en serio, no sé por qué pero me muero por tus huesos. No soportaba verte con Ethan y no soporto pensar que no eres mía.

-Para empezar yo no soy de nadie. Y creo que deberías irte. –Dije intentando mantener la calma.

-Reila, me suicido, ¿eh? ¿Me oyes? Si no puedo estar contigo creo que nada merece la pena. –Confesó echándose a llorar.

-¿Me estás haciendo chantaje emocional?

-No, sólo te digo que te quiero, y que sin ti todo es negro, ¿entiendes? –Hizo en una pausa. –Yo no quiero vivir en un mundo negro –Se tapó la cara con las manos.

Las palabras casi no salían de su boca, aquello último había sonado como si el llanto ahogara sus palabras en un mar de lágrimas.

-Amy… Yo… Vete, ¿vale? Te llamaré esta noche, te lo prometo. Necesito pensarlo un poco.

Y después de hacerme jurar que lo pensaría, se fue.

Dejando un tiempo de margen para asegurarse de que Amy ya se habría ido, Nick salió de la cocina encolerizado.

-¿Qué? Me estás vacilando, ¿no? –Gritó. -¿Qué pollada es esa de que te lo vas a pensar?

- Cariño, ¿no la has oído? Se mata.

-¿Y tú la crees? Esa tía sólo quiere llamar la atención, joder.

Estaba muy cabreado, y lo podía notar en sus gentos, rápidos y enérgicos. Los ojos rojos delataban que podría echarse a llorar si su orgullo no se lo impidiese; y la forma en que se mordía el labio delataba sus celos enfermizos.

Hubo un momento de silencio.

-Podría fingir que salgo con ella… -Me atreví a proponer.

-No va en serio, ¿no? –Me miró fijamente. -¿De verdad crees que yo puedo estar aquí tranquilamente mientras sé que estás por ahí tirándote a la zorra de Amy? Eso si no me tengo que ir a un hotel y dejaros la casa.

-Nick, yo… -Miré al suelo- No soportaría la idea de que se suicidara por mi culpa. –Dije casi en un susurro.

-¡No es tu culpa! –Volvió a gritar. –Así que te lo has planteado en serio… Genial. Me voy. –Subió a ponerse algo para salir.

Desde abajo se podía oír el escándalo que estaba formando. Portazos, gritos y golpes venían de la planta alta.

-¿A dónde vas? –Pregunté una vez había bajado de nuevo.

-A donde sea, lejos de esta jodida casa y de tus gilipolleces. –Gritó antes de salir dando un portazo.

-Adiós… -Susurré mientras una única lágrima caía por mi mejilla.

martes, 8 de noviembre de 2011

19.

La tensión me paralizaba el cuerpo y Nick, que se encontraba de rodillas enfrente de mí, no parecía reaccionar.

Desde el interior de la vivienda nos llegaban los gritos y risas de los invitados.

-Siempre te quedará la opción comodín… -Insinuó Nick.

-¿Y cuál es esa?

-¿Reila? ¿Estás ahí? –La voz de Gerard se oía de cerca.

-¿Quién es ese?

-Oh, Dios. Es Gerard… Estaba bailando con él y le he dejado tirado.

Nick se levantó y me cogió de la mano, dispuesto a que saliéramos los dos de allí. Pero Gerard nos vio antes de que tuviéramos tiempo de ir muy lejos y con un “hey” hizo que me parara en seco.

-¿No me habías dicho que Nick no era tu novio? Entonces, ¿qué hacéis los dos aquí solos? –Preguntó con el cejo fruncido.

-Esto… Em..

-¿Le has dicho eso? –Dijo Nick expresando asombro. –Pues sí, soy su pareja desde hace tres años. No entiendo por qué te ha dicho algo así… Supongo que es porque estábamos pasando una mala época. Pero bueno, ya está todo arreglado. ¿Verdad cariño? –Me miró sonriendo.

-Sí, todo arreglado. –Atiné a decir.

-Demuéstrenlo.

Entonces Nick se acercó a mí y me susurró en el oído:

-Ahora, corre.

Y corrí. Corrimos lejos mientras los dos reíamos a carcajadas. Y, una vez que ya no pudimos oír los gritos que nos llamaban y pedían nuestro regreso, paramos. Fatigados nos sentamos en la fría hierba nocturna y contemplamos durante un rato las estrellas que nos observaban desde el cielo.

-¿Por qué no me besaste simplemente? En lugar de huir, quiero decir. Eso lo habría convencido.

-No quería ni por asomo que nuestro primer beso fuera porque un desconocido nos incitaba a hacerlo. Además, correr es más divertido. –Explicó con una sonrisa mientras me miraba.

-Nick, ya no somos niños. El primer beso no es algo tan importante…

-Ya. En cualquier otra pareja me parecería algo normal, pero quiero que nuestro primer contacto sea diferente a cualquier otro. Quiero que sea especial.

-Y, ¿cuándo te parece adecuado que suceda?

-No podemos planear eso. Tiene que salir por sí mismo para que sea de verdad especial. –Dijo acostado en la hierba y con las manos en la cabeza mientras miraba el cielo. Un pequeño mechón de su flequillo negro le resbaló por la frente.

-Nick... –Respondió con un gemido. –Si como tú dices me quieres… Amy…

-¿Qué pasa con Amy? –Me interrumpió casi gritando a la vez que se sentaba con las manos apoyadas en el suelo. -No te habrá dicho nada, ¿no?

-¿Sobre qué? ¿Estás con ella o algo?

-¿Qué? –Se calmó, pero parecía extrañado. –No, claro que no. ¿Qué sabes tú sobre esa chica?

-Es muy maja.

-¿Nada más? Pues es lesbiana.

-¿Entonces por qué ha estado tan cariñosa contigo últimamente?

-¿Cariñosa? No veas el tiempo que ha estado dándome la chapa para que le diga una manera de conquistarte… Y claro, yo me cabreo ante la posibilidad de que las cosas entre vosotras pudieran salir bien y me pongo insoportable contigo.

-Y con ella.

-Pero ella me da igual. –Dijo con indiferencia.

-Además, ¿por qué crees que me enamoraría de una tía?

-¿Piensas que soy tonto? ¿Te crees que no sé que te acostaste con Mer en la fiesta de Frank?

Me ruboricé y se acercó a mí.

-Eres monísima, en serio. Y me alegro de que Ethan te dijera que te quitaras el tinte azul y te pusieras el negro otra vez. Es lo único que le agradezco. –Confesó acariciando un mechón de mi larga melena.

Sin saber qué decir miré hacia abajo avergonzada por el recuerdo. Nick me agarró de la barbilla y allí, bajo la luz de la luna, que nos había encontrado, me besó. Como si de una película se tratase me regaló nuestro primer contacto, el que él consideraba tan especial.

No fue un beso brusco, ni apasionado, ni soso… Fue un simple beso sin nada de particular. Pero pensar que la persona que me estaba regalando ese beso era Nick, y que por fin sabía que me quería, me producía un placer infinito, el cual nunca volví a sentir. Podría decir que, durante los años siguientes, cada vez que me besaba era mágico, como la primera vez, pero mentiría. No hubo nada parecido a la primera vez. Hubo momentos inolvidables e inigualables, pero aquel beso quedó en mi memoria como la mayor muestra de confianza que nadie me había dado y, aunque no fuera apasionado, descargué en él todo lo que había guardado dentro. No quiero decir que se lo trasmitiera a él, sino que al besarle todos los sentimientos y las penas contenidas desaparecieron. No sé si me entendéis.

Luego de ese contacto vino otro más brusco, hasta que acabamos los dos tirados en la hierba, uno encima del otro. Atacándonos con besos apasionados y caricias desesperadas, hasta que acabamos desnudos e hicimos el amor. Allí, en la intemperie, una noche estrellada, con una luna que nos observaba desde el cielo y admiraba cada suave movimiento de nuestros cuerpos. No tenía frío, ni calor, ni sufría por el duro suelo… Todo era perfecto. O a mí me lo parecía.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

18.

-¿Querías algo en particular? –Dijo le pelinegro ignorando a su compañero y acercándose más a mí.

-No, es que estoy allí con aquel chico… -Expliqué señalando a Nick, que seguía acostado en el banco. – Y como me aburría os he venido a saludar porque me habéis parecido interesantes, más que nada...

-Geeeerard… -Insistía el chico que llevaba gafas.

-Toma. –me tendió un papel y un lápiz. –Escríbeme tu número de teléfono y tu dirección. –Sonrió.

Apunté mi número y la dirección del hotel en el papel y sin más preámbulos se fueron.

Nick y yo no hablamos más del tema y ya llevábamos una semana en Londres. Visitamos todo lo que nos pareció: El Big Ben, el museo británico, el parlamento, el Piccadilly Circus, montamos en taxi, en el metro, etc. Y aunque Frank y Mer se empeñaban en dejarnos solos cada dos por tres, ni Nick ni yo nos decidíamos a dar el primer paso, él por timidez, yo porque no sabía qué decir.

Cierto día, cuando ya los dos estábamos a punto de meternos en la cama llamaron a la puerta y yo, extrañada, miré a mi compañero de habitación quien, como era habitual en él, ni se inmutó. Al abrir me encontré con una carta enfrente de la puerta y, sin esperar más, la leí.

Se trataba de una invitación anónima a una fiesta. Al parecer, sería algo como la que, unos meses antes, había organizado Frank, ya que en la carta ponía que llevara a quien quisiera y lo que quisiera. “Una grandiosa fiesta por todo lo alto en la que podrás conocer gente y pasártelo en grande”, como rezaba la invitación. También había una dirección, una fecha y una hora, como es lógico.

-¿Quién es?

-Nadie. Aquí sólo hay una invitación para ir a una “súper fiesta”… ¿Vamos a ir? –Dije cerrando la puerta y entrando.

-¿Cómo que “vamos”? Tú irás si quieres, y yo iré si quiero. –Contestó mi compañero con un tono que se había vuelto habitual durante esta última semana. Parecía desear que le odiara.

-Bueno… Había pensado que iríamos juntos. No sé, la han dejado delante de la puerta y no sabemos para quién es exactamente. Además, dice que podemos llevar a quien queramos y yo…

-Que sí, Reila. Haz lo que quieras. –Me interrumpió. -Yo ya veré qué voy a hacer. Buenas noches. –Y se acostó.

Media hora más tarde yo también me estaba metiendo en la cama y no tardé mucho en quedarme dormida.

Finalmente ambos decidimos ir a la tan nombrada fiesta sólo que cada uno por su lado. Mer y Frank también estaban invitados, y ¿cómo iban ellos a perderse algo como aquello?

Para esta ocasión no pensaba arreglarme tanto como había hecho hacía casi un año, decidí ponerme un pantalón negro ajustado y una camiseta cortada por mí misma con la que se me veían los dos costados. Ni siquiera me molestaría en peinarme y de maquillaje llevaría algo tan básico como la raya negra en los ojos.

Cuando llegamos la fiesta ya había empezado. Poco a poco nos fuimos separando y acabé sentada en la barra del mini bar con una copa en la mano y a punto de llorar. La situación que estaba viviendo con Nick me desesperaba, y pensar en ello hacía que la melancolía arruinara la noche. Yo ya tenía claro y había asumido que me gustaba, que le quería incluso, pero, ¿y él?

Una lágrima amenazaba con revelar mi profunda decepción cuando alguien me tocó el hombro.

-¡Has venido!

Al girarme pude ver que quien me hablaba era el chico que había conocido una semana atrás. Disimulando mi expresión le saludé y empezamos a hablar. Se presentó, ya que la primera vez no había tenido ocasión. Me habló sobre su interés por la música y sobre su futura banda, para la cual no había encontrado un nombre aún.

-¿Y tú novio? –Preguntó al cabo de un rato.

-¿Nick? –me sobresalté. –Él no es mi novio.

-Ah… -Hizo una pausa y sonrió. -¿Bailamos?

-Esta música es inbailable. Además, yo no sé bailar.

-Bah, yo te enseño.

Y sin decir nada más me agarró por un brazo y me arrastró hasta el centro del salón.

Después de 15 minutos haciendo movimientos de cadera sin sentido y con desgana me excusé para ir al baño y refrescarme un poco. Al salir me prohibí a mí misma volver a aquella habitación con Gerard y, como no me encontraba muy bien, preferí salir a la soledad del jardín.

Casi no se veía la luna y sólo la luz que se precipitaba por las ventanas iluminaba el exterior de la casa. Me apoyé en la pared y me dejé caer hasta quedar sentada en la hierba, y una vez allí, sin nadie a mi alrededor, empecé a llorar.

Supongo que el alcohol en vena afectaba a mi estado de ánimo pero, sin duda la culpa de todo aquello era no saber si Nick sentía lo mismo que yo.

Pasé allí sentada, dejando que la suave brisa secara mis lágrimas, alrededor de 20 minutos, entonces dejé caer la cabeza hacia atrás, mirando el cielo estrellado.

-¿Qué haces aquí? –Oí que decía una voz áspera.

Le miré y él me miraba. Nick mantenía su rostro serio y no parecía haber bebido, ni siquiera parecía que estuviera en una fiesta.

-Lo mismo podría preguntar yo. –Me apresuré a ocultar las lágrimas.

-No hay nada que me interese ahí dentro.

-¿Es que no hay ninguna chica que te parezca lo suficientemente buena como para beber por ella?

Los dos guardamos silencio, no mucho tiempo pero sí un silencio profundo y lleno de secretos.

–Pues no. La única chica que merece la pena está aquí fuera llorando.

Mi corazón se aceleró y mis pupilas disminuyeron de tamaño; lo imposible empezó a parecerme posible y viceversa. Me sudaban las manos y ninguna postura parecía cómoda.

-¿Qué? –Pregunté tímidamente.

-No me hagas repetirlo…

-¿Estás seguro de que no has bebido?

-Sí, he bebido… No demasiado, pero te aseguro que si no lo hubiera hecho esto no estaría pasando. -Hizo una pausa y, al ver que no contestaba, dijo: -Reila, esto es una declaración, claramente. Quizá no es el momento ni el lugar, tú tienes el maquillaje corrido por las lágrimas y yo estoy un poco borracho… Pero es algo sincero. Los sueños, esos en los que tú eres la protagonista, no cesan. Y supongo que es cosa del destino… Aunque sé que no crees en eso, porque yo tampoco. Reila, te quiero, ¿vale? Y ten en cuenta que nunca le he dicho un te quiero a nadie. No voy a explicarte el porqué, ni voy a echarte un discurso sobre lo grande que eres, pero te pido que me creas, que entiendas lo que te digo aunque no tenga explicación. Ni siquiera te pido que me quieras, sólo que me creas sin condición.

-Es perfecto. Quiero decir, este lugar y este momento… Quizá no es como en un cuento de hadas, pero esto al menos es real. La gente está ahí dentro pasándoselo bien y tú has preferido estar aquí y decirme esto… Eso significa que te importo tanto como para sacrificar una noche por mí.

No puede ser mejor.

-No es un sacrificio, pasaría cada noche a tu lado si hiciera falta.

viernes, 21 de octubre de 2011

17.

A la mañana siguiente, después de prepararnos, Nick y yo fuimos a buscar a los chicos. Después de asegurarnos entre risas de que no salía ningún gemido de la habitación nos atrevimos a llamar a la puerta, arriesgándonos a sufrir un ataque de mal humor matutino por parte de Mer, quien tenía muy mal despertar.

-¡Frank, abre la puerta! –Oímos que gritaban dentro.

-Ábrela tú, no te jode. –Dijo Frank dormido.

-¿No ves que estoy en la ducha?

Y después de algunas quejas por parte del chico conseguimos que nos abrieran la puerta.

Fuimos a desayunar a la cafetería del hotel. Muy buen servicio, pero demasiada comida para mí. Una vez hubimos terminado fuimos a dar un paseo por la ciudad en un carro de caballos, el cual, al igual que las habitaciones del hotel, era para dos. Pero esta vez Mer quiso subir conmigo. Íbamos detrás de los chicos, no muy atrasados.

-Reila, el hecho de que las habitaciones sean de dos no es ninguna casualidad. Y mucho menos que tú la compartas con Nick. Este viaje lo hemos organizado el enano y yo por un simple motivo: Que acabéis juntos. Así que no seas tímida y lánzate por una vez en tu vida, porque tarde o temprano tendrá que suceder… Y mejor que sea ahora y no dentro de cuarenta años cuando no podáis disfrutar de la vida plena. –Hizo una pausa. –Lo que quiero decir es que está clarísimo que hacéis una pareja ideal y no podéis seguir perdiendo el tiempo y haciendo el tonto de esta manera. Así que te quiero ver muy cariñosa con Nick en este viaje…

-Pero…

-¿Pero qué? –Me interrumpió. –No me vengas con tonterías del tipo “no me corresponde”, “no sé si estoy preparada”, “no pegamos”, blah, blah, blah. Él está loquito por tus huesos, y se nota que tú te mueres por los suyos. ¿Qué problema hay?

En ese momento las dos guardamos silencio y Nick miró hacia atrás. Me aguantó la mirada unos segundos y siguió hablando con Frank. Supongo que este le estaría echando el mismo discurso…

La verdad es que me habría gustado ver las cosas como las veía Mer: tan sencillas, porque seguramente eran así de simples. Supongo que tendría que asumirlo: Quería a Nick. Sí, porque cuando iba a pasar la noche a casa de Frank le echaba de menos, porque ese aire tan misteriosos y callado que mostraba me hacía querer besarle, aunque intentara apartar ese pensamiento… Sabía que lo quería porque procuraba tener el mayor contacto con él, porque siempre estaba pendiente de si necesitaba algo, porque después del primer abrazo soñaba cada noche con un segundo, y un tercero, y una vida llena de abrazos como aquel. Quizá no una vida con él, eso era mucho tiempo… Pero sí una vida en la que pudiera recordar una y otra vez la intensidad del contacto…

El carro paró y de un empujón Mer me sacó de mi sueño. Me había perdido todo el paseo por ir pensando en las musarañas, así que no tenía ni idea de cómo era Londres. Por votación decidimos entrar en un centro comercial, aunque sólo fuera a mirar, ya que aún no habíamos cambiado los dólares por libras. Frank y Mer se escabulleron así que mi príncipe oscuro y yo acabamos solos otra vez.

-Me gusta esto… -Comentó Nick refiriéndose a un gorro de lana a rayas azules y blancas.

-Quedaría genial con tu pelo y tu tono de piel…

Se lo puso.

-¿Tú crees? –Dijo sonriendo cómicamente.

-Claro. –Reí un poco. –Pero te recuerdo que no tenemos dinero…

-Tampoco pensaba comprármelo, tengo como tres iguales. –Hizo un gesto de indiferencia.

Nos aburrimos de lo lindo porque claro, ¿qué puedes hacer en un centro comercial sin dinero? Sin saber dónde estaban los chicos nos sentamos en un banco a dejar pasar el tiempo.

-Hey, mira a esos… -Indiqué a Nick señalando a un grupo de chavales con guitarras.

-¿Qué?

-Pues que podríamos hablar con ellos o yo qué sé. Parecen guays. –Dije impotente.

-Las apariencias engañan. –Dijo antes de acostarse en el banco.

Aburrida de estar allí sentada y cansada de la actitud de mi acompañante me levanté y me dirigí a lo que aparentemente eran músicos.

-Hola. –Saludé.

-Hola, guapa. –Dijo el que llevaba el pelo negro.

-Sois músicos, ¿no?

-Ajá. Estamos formando una banda… No tenemos muy claro el nombre, pero ya nos saldrá. –Me miró de arriba abajo con unos intensos ojos verdes. -¿Y cómo te llamas?

-Gerard, por favor. Deja de hacer el imbécil, que llegamos tarde. –Dijo un chaval con gafas y un aspecto preocupado.

viernes, 14 de octubre de 2011

16.

Esa noche no volvimos a hablar sino para decidir qué íbamos a ver en la televisión después de cenar.

Pasó una semana, y otra, y otra… Después de dos meses se podía decir que había mejorado la confianza entre nosotros. No digo que fuéramos súper amigos, ni que nos abrazáramos en alguna ocasión simplemente podíamos vivir como los compañeros de piso que éramos por el momento y si alguno necesitaba algo no dudaba en pedírselo al otro. De todas maneras no dejábamos de tener las típicas disputas por cosas estúpidas y por lo que parecían ser celos. A Nick ya no le hacía mucha gracia quedar con Amy y cuando estábamos juntos ni se rozaba por ella, sin embargo parecía que la chica me hacía la pelota porque no paraba de tener gestos cariñosos conmigo. Quizá delante de mí Nick no la soportaba, pero tampoco sabía lo que hacían a mis espaldas.

Avanzamos mucho en la casa de enfrente y después de haberla pintado y arreglado los desperfectos empezamos a llenarla con los muebles que habíamos comprado. Estaba quedando muy bien, y la verdad es que gracias al tiempo libre que teníamos los dos y a la ayuda de Frank, que venía de vez en cuando a visitarnos, estaría lista en poco tiempo.

Cada noche, después de llegar del duro trabajo de la obra, tomaba una ducha y me acostaba a leer. No me dormía hasta que oía a Nick desearme buenas noches sin abrir la puerta de mi habitación ya que era primavera y yo dormía en ropa interior. Siempre fue muy tímido en ese sentido, y siempre respetó mi intimidad. Poco a poco fuimos entrando en mayor contacto, pero a lo más que llegábamos era a estrecharnos la mano o darnos una palmadita en el hombro. Sólo en una ocasión me abrazó y unas horas después me pidió perdón mil veces y me dijo que no volvería a pasar, sin embargo no fue capaz de prometérmelo.

Estábamos en los recreativos con Mer y Frank, los cuales se habían hecho muy amigos, y sin previo aviso llegó Amy. Justo cuando iba a saludarla Nick me agarró de la camiseta y tirando de mí me dio un largo y fuerte abrazo mientras notaba cómo sus encendidas mejillas desprendían calor. Cuando nos separamos lo hicimos lentamente y nos miramos con incredulidad unos instantes, después me giré y pude ver cómo Mer y Frank mostraban una tierna sonrisa, mientras que Amy parecía disgustada con alguno de nosotros.

Nick y yo pasamos todo el camino de regreso a casa, el cual habíamos decidido hacer a pie, en silencio. Y cuando llegamos el chico me preparó la cena y un baño de burbujas.

-¿Qué quieres? –Pregunté al ver tanta amabilidad.

-Lo siento, hoy no debí abrazarte. Ha estado mal.

-¿Qué? –Me eché a reír –Nick, no seas estúpido. Sólo ha sido un abrazo, no tiene nada de malo, todos los amigos se abrazan.

-¿Tú y yo somos amigos? –Preguntó mirándome.

-Claro. ¿Qué si no? –Y sin esperar respuesta subí a tomar el baño que Nick me había preparado.

El caso es que después de dos meses seguíamos prácticamente en el mismo punto. El único cambio importante era que habíamos dejado de salir con mi habitual pandilla por lo sucedido con Ethan, sin embargo conservaba el número de los demás por si algún día me apetecía quedar con alguno. Por el momento éramos Mer, Frank, Nick, yo y, en ocasiones, Amy, a la que nadie había invitado pero que se empeñaba en estar con nosotros, o como pensaba yo, con Nick que parecía odiarla.

Pasado un mes más los cuatro decidimos tener un poco más de vida social y, convencidos por Frank, decidimos hacer un viaje a Londres.

No teníamos a nadie de quien despedirnos o a quien echar de menos así que irse fue fácil. Lo más dramático que hubo fue una llamada de la madre de Mer para decirle que comiera bien. Frank no estaba muy unido a sus padres, no sabía nada de los de Nick y los míos estaban muertos.

Después de horas de viaje estábamos agotados así que nos fuimos directos al hotel en el que residiríamos la siguiente semana. Las habitaciones eran de dos personas y Mer y Frank estaban más que empeñados en quedarse en la misma, todos sabemos por qué. No es que fueran a empezar una relación ni mucho menos, pero estaba claro que existía cierta tensión sexual entre ellos. Como estábamos demasiado cansados para protestar, cedimos y acabamos durmiendo en la misma habitación, sólo separados por un metro.

martes, 11 de octubre de 2011

15.

-¿Tiene que venir a algo? –Dijo acercándose a mí con una sonrisa más que insinuante.

Sin darme a tiempo a responder nuestros labios se unieron en un largo beso. Su mano derecha se encontraba detrás de mi nuca y momentáneamente entraba en contacto con mi pelo, mientras que la izquierda intentaba colarse por la parte de abajo del vestido.

Abrí los ojos.

-Reila, joder despierta de una puta vez. –Oí la voz de Nick. –Estabas soñando. Anda vete a la cama que si no mañana te dolerá todo… -Dijo al ver que abría los ojos.

-¿Hmm?

-Venga…

Me cogió por un brazo y me sentó de un tirón. Al ver que seguía sin reaccionar coló un brazo por debajo de mis piernas y la otra en mi espalda haciendo que quedara totalmente apoyada en su pecho. Y, a pesar de lo delgado y frágil que parecía, me subió por las escaleras hasta mi habitación y me acostó en la cama, cerrando suavemente la puerta después de salir.

A la mañana siguiente desperté totalmente bañada en sudor, así que me tomé una ducha, a pesar de que me había duchado por la noche. Había puesto el agua ardiendo para relajar la tensión de mis músculos y fue como un regalo sentir cómo caía por las curvas de mi cuerpo.

Mientras me enjabonaba la cabeza sonó el timbre y pude oír que la puerta de la habitación de Nick se abría y éste salía refunfuñando.

Intentando evadirme de cualquier cosa a mi alrededor ignoré todo sonido que viniera de la parte de abajo y disfruté de una larga ducha. Después de salir y haberme secado el cuerpo me puse la ropa interior. Luego pasé con fuerza la toalla por mi larga melena y sin peinarme fui a mi habitación para ponerme algo cómodo y bajé al salón.

-Pero es que no puedo ignorar lo que siento… -Decía Amy cuando entré en la sala.

-Hola.

-Re- Reila. –La chica se ruborizó.

-¿Qué haces aquí? No sabía que supieras donde vivo.

-He venido a hablar con Nick, pero creo que no está de humor… -Paseé la mirada de uno a otro y, efectivamente, estaba muy serio. –Tú dirección me la ha dado Ethan.

-¿Cómo está? –Pregunté.

Nick me miró inmediatamente, no sé si su mirada era de sorpresa o de enfado, pero lo que estaba seguro es que no le había hecho ninguna gracia que lo preguntara.

-Bien, supongo. Se la suda la polla todo…

Nick rió por lo bajo y eso hizo que Amy se sorprendiera ligeramente.

-Bueno, Reila, me voy que he quedado. Ya nos vemos. –Hizo amago de darme dos besos para despedirse pero, después de echar una furtiva mirada al chico que seguía sentado en el sillón, decidió cambiar de idea y no hacerlo.

-Qué raro es todo… -Dije muy bajo una vez que Amy se había ido.

-¿El qué? ¿Qué le importes una mierda a Ethan? Eso no me parece tan raro. –Respondió Nick muy cabreado al tiempo que se levantaba.

Cuando pasó por mi lado le agarré por el brazo deteniéndole.

-¿Qué cojones te pasa?

-¿A mí? ¿Qué podría pasarme? –Y se soltó de lo que le aprisionaba.

Le seguí y entré con él a la cocina.

-Veo que Amy y tú os lleváis bien… -Me miró levantando una ceja. –Si vas a traerla muy a menudo para follar me avisas, para no estar en casa y eso… Más intimidad para vosotros.

-Sí, tan bien como tú y Ethan, ¿no? –Se paró un momento y me miró. Luego empezó a sacar cosas de la despensa para preparar algo de comer. -¿A qué coño venía esa pregunta? Él te trata como a una mierda y tú te preocupas por cómo está… Genial.

-Creo que no hay que darle tanta importancia.

-Claro, si te importas una mierda a ti misma pues no, no hay que darle importancia. Pero para una persona que se preocupa por ti es jodido ver cómo un mamón te utiliza como un pañuelo y luego te tira a la basura, como si no fueras nada… -Dijo casi gritando.

-¿Cómo sabes eso? –Hice una pausa- ¿Cómo sabes que para alguien que se preocupa por mí es jodido?

No contestó, y yo no insistí. Después de un cuarto de hora en el que yo me limitaba a mirar la espalda de Nick mientras él cocinaba, me levanté de la silla en la que me había sentado.

-¿Qué estás intentando hacer? –Pregunté muy suave.

-Una lasaña… -Pareció rendirse.

-Me gusta con más queso.

Cogió más queso y lo puso por encima de los demás ingredientes.

-Así que te preocupas por mí… -Dije refiriéndome a la discusión anterior.

martes, 4 de octubre de 2011

14.

-¿Tú qué? –Pregunté impaciente.

-¿Recuerdas el sueño que te conté? El de la chica que muere, con el que sueño cada noche.

-Claro. –No era cuestión de olvidar lo poco que me contaba de él.

-Cuando estoy contigo no lo tengo. Cuando duermo en tu casa no sueño, pero esta semana que he estado fuera ha vuelto a suceder y cada vez es más insoportable.

-Bueno, casualidad. ¿Era eso lo que querías decirme? –Dije un tanto desilusionada. Supongo que quería escuchar un te quiero de sus labios… Aunque no sé por qué.

-No, no es casualidad. Lo sería si el sueño fuera diferente… Pero en este caso no puede ser una coincidencia. –Me miró unos instantes antes de volver a fijar la vista en la carretera y al ver mi expresión volvió a hablar. –Reila, tú eres la chica que aparece en mis sueños.

-¿Qué?

En ese momento empecé a visualizar cada detalle del sueño, punto por punto y hecho por hecho. Busqué cualquier cosa que me revelara el mínimo dato sobre lo que Nick pensaba o sentía hacia mí.

-Ya lo has oído. No me hagas repetirlo. –Dijo sin mirarme en ningún momento.

-¿Eso significa algo? –Tuve el valor de preguntar. –Quiero decir, en el sueño la chica, osea yo, es el amor de tu vida… ¿Eso significa algo?

-Hemos llegado. –Dijo aparcando el coche y bajándose de este.

Apresuradamente abrí la puerta y me arrojé fuera del Audi de Nick. Corrí hacia él y le agarré por la manga de la chaqueta negra que llevaba.

-Nick, ¿significa algo? –No contestaba. -Mírame y dime algo.

En un rápido movimiento Nick se zafó de mi mano y empujándome contra la pared quedamos uno enfrente del otro, sólo separados por algunos centímetros y con las respiraciones agitadas. Sus brazos me impedían escapar ya que estaban colocados uno a cada lado de la pared en la que Nick me había dejado empotrada. Claro que yo tampoco quería escapar… Pude notar su aliento mentolado, y el calor de su cuerpo me invadía. Sin embargo y muy a mi pesar él no permitió que nuestros cuerpos se tocaran en ningún momento.

-No insistas, Re. –Dijo bajando el rostro y alejándose de mí. –Vamos a comer…

Y no tuve más remedio que aceptar la situación. No podía pretender que Nick me quisiera si yo no sabía lo que sentía por Nick. Que me atraía sexualmente estaba más que asumido. Pero, ¿amor? No creo, era demasiado pronto como para sentir algo tan fuerte por él. Sin embargo necesitaba besarlo… Me apetecía mucho. Igual que me apetece un cigarrillo después de una gran disputa. Y bueno, si pensamos en su sueño podemos sacar la conclusión de que estamos destinados a querernos… Pero sólo es un sueño, ¿no?

Entramos en la cafetería. Bueno, en el tugurio más que cafetería. Era un bar de mala muerte al cual sólo parecían ir borrachos y enfermos.

-¿A dónde coño me has traído? –Pregunté a Nick por encima del hombro.

-Tengo un colega aquí que nos dará de comer gratis.

Resoplé. ¿Tenía “colegas” en todos lados o qué?

Después de tomarme la chuleta más seca de mi vida y de unas cuantas preguntas insinuantes por parte del conocido de Nick, nos fuimos. Yo apunto de vomitar y mi compañero echándole miradas asesinas a su colega que reía exageradamente.

No entendía que se pusiera celoso e intentara protegerme con miradas. No podía pretender que no se me acercara nadie más que él si no me decía lo que sentía.

Llegamos a casa agotados y lo primero que hice fue tirarme al sofá como si fuera un plomo. Una vez más, como el día que nos conocimos, pude notar la mirada de Nick clavada en mis piernas, que quedaban total y enteramente al descubierto por lo corto del vestido.

Me duché una vez más y mientras veía la tele pude oír el agua correr, signo de que Nick también estaba tomando una ducha.

Al terminar se sentó a mi lado y pude oler la dulce fragancia a champú de limón. Vimos la tele un rato, compartimos un bol de palomitas y algún que otro comentario sobre la programación.

En un momento determinada pude notar que Nick ya no miraba la televisión, que su mirada estaba fija en mi perfil y que parpadeaba con mucha suavidad.

-Estás preciosa con el pelo mojado… -Dijo colocando un mechón de mi húmedo pelo detrás de mi oreja.

-¿A qué viene esto?

lunes, 3 de octubre de 2011

13.

-Nadie te lo impide. –Dije al fin.

-En realidad sí. Me lo impido yo mismo. No estoy seguro de si debería…

Hubo un silencio. No muy largo, pero sí lo suficiente como para que me sintiera incómoda.

-¡Nick! –Se oyó un grito a nuestra espalda rompiendo aquel extraño ambiente. –Joder, ¿dónde estabas, colega? Te he buscado por toda la casa. Oh, veo que tienes compañía. Si quieres me voy…

-No, tranquilo. ¿Qué quieres, Frank? –Dijo Nick antes de que los dos nos giráramos al mismo tiempo.

Un chico de ojos increíblemente verdes y baja estatura permanecía apoyado en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos. Lucía unos pantalones vaqueros y una camiseta que dejaba ver unos brazos totalmente cubiertos de tatuajes. Aparte de poseer una sonrisa pícara y tentadora a la vez que dulce, el aro del lado izquierdo de su labio inferior resultaba muy sexy junto con el de su nariz.

-Que me ayudes a despertar a toda esta gente para que se vayan a sus jodidas casas. –Hubo una pausa. –Oye, ¿te pasa algo?

-¿Eh? No, que va. Ahora voy.

-Te espero en la cocina… Termina lo que quiera que estuvieras haciendo. –Y giñó un ojo antes de entrar.

-Reila, tengo coche. Podemos volver juntos a casa…

-¿Desde cuándo tienes coche? –Pregunté extrañada.

-Desde siempre. Frank me lo ha guardado un tiempo. Bueno, ¿quieres o no que te lleve a casa?

Me lo pensé un momento.

-Vale…

Entonces Nick desapareció por la puerta y no pude decir nada más.

Me volví a sentar en las escaleras. No estoy muy segura de qué hice la casi media hora que permanecí allí. ¿Pensar? Si no eso, algo parecido.

Cuando pude reaccionar me levanté y caminé hasta encontrar a Mer. Sin decir nada me coloqué a su lado y apoyé mi cabeza en su hombro.

-Re, me tengo que ir… Tengo que trabajar y bueno, aunque la ducha de hoy ha sido muy satisfactoria, tengo que cambiarme de ropa y esas cosas…

-Claro, entiendo. –Dije sonriendo. Aquella chica era un amor.

-Toma mi número. Nos vemos, enana.

Y se fue. No la vi hasta un mes más tarde, pero eso lo contaré más adelante…

En la casa ya no quedaba nadie más que Nick, Frank y yo. Eso sí, aquello parecía un vertedero… Así que decidí ayudar a limpiar para que aquello no se les hiciera tan pesado a los chicos.

Más de una vez me pregunté dónde estaría Ethan mientras yo recogía vasos y toda clase de porquería del suelo. Quizá porque él también se había convertido en basura para mí.

-Chicos, yo recojo lo que queda… Ya es tarde, iros a casa. –Dijo Frank cuando eran casi las dos del mediodía.

-Gracias, tío.

-Por cierto, yo soy Frank. –Dijo dirigiéndose a mí. –Nick no se ha tomado la molestia de presentarnos. Es un impresentable. –Guiñó un ojo de nuevo.

-Yo soy Reila… -Me presenté tímida y sonrojada.

-Bueno, vámonos. –Dijo Nick tirando de mi brazo.

-Tranquilo, que no te la voy a quitar a pesar de que sea tan guapa como me la describiste. –Oí que gritaba Frank mientras salíamos por la puerta casi corriendo.

Una vez en el coche noté un ligero y casi extinguido rubor en las mejillas de Nick.

-Ignora a Frank…

-¿De verdad?

-Bueno, ¿tienes hambre? –Cambió de tema rápidamente.

-La verdad es que estoy hambrienta…

-Bueno, pues vamos a comer algo y luego volvemos a casa.

-¿Por qué siempre estás tan serio?

-¿Hm? No sé.

-¿Qué querías decirme esta mañana en el porche?

-Creí que ya lo habrías olvidado… -Dijo con pesar.

-Pues ya ves que no.

-Es una tontería… -Intentó escaquearse.

-Quiero escucharla.

-Reila, yo…

domingo, 25 de septiembre de 2011

12.

El cuerpo del chico que estaba sentado en las escaleras pareció tensarse y se giró lentamente hacia mí. Me echó una rápida mirada y volvió a fijar la vista hacia el frente.

-Hola.

No sabía qué decir… ¿Le preguntaba si estaba bien o le reprochaba lo de la noche anterior?

-¿Os dejo solos? –Preguntó Mer en mi oído.

Asentí. La pelirroja me tendió un papel con su número y se despidió con un ligero contacto en los labios.

-Reila, yo… -Empezó a decir Nick una vez que Mer se había ido.

Me senté a su lado pero en ningún momento permití el mínimo contacto. Evité que me rozara un brazo y me mantuve a una distancia moderada.

-Te odio. –Ya lo había dicho así que podía estar tranquila.

Nick bajó la cara y su pelo no me permitió ver lo que se escondía debajo de él. No sé si lo que había escuchado era una ligera risa o si por el contrario era el sonido que acompaña a una lágrima.

-Lo siento. Lo siento muchísimo. –Dijo con voz queda. –Estaba muy borracho y…

-Ya. ¿Has estado borracho las tantas veces que, según tú, has follado esta semana?

-Sí. No soy capaz de entrarle a una tía si no estoy borracho… Y no soy divertido sino cuando el alcohol me transforma.

No dije nada cuando él me miró y pude ver que sus ojos se habían llenado de lágrimas. No lo entendía… ¿Aquello significaba algo?

-Podías haber llamado. –Dije cortante después de un largo silencio.

-¿Qué?

-Digo que durante esta semana podías haberme llamado aunque sólo fuera una vez. No tenía ni idea de dónde estabas y me empezaba a preocupar.

-¿Qué tal con Ethan?

Una punzada de rencor atacó mi pecho.

-No quiero hablar de eso.

-Es el típico capullo, ¿verdad? De esos que te ponen en un altar y a la primera de cambio te abandonan como a un perro. Que te usan como a una condón de los baratos y te tiran a la papelera porque ya no les sirves para nada. De los que te compran regalos y aparentan estar más enamorados que nunca. Esos tíos que dicen que no pueden parar de pensar en ti y en tu dulce aroma. ¿Me equivoco?

Me había quedado helada. Nunca le había visto hablar tanto y nunca había oído ese tono de enfado en su voz. De cólera.

-¿Estás bien?

-Contesta. ¿Es así o no?

-Sí. –Admití.

-Lo sabía.

-¿Por qué te fuiste del club aquel día? –Pregunté cambiando de tema.

-No me apetecía estar allí. ¿No te dijo Amy que tenía cosas que hacer? Pues ya está.

-¿Qué cosas?

-Cosas. Tenía que ayudar a preparar esta fiesta, por ejemplo. La casa es de un colega y me he estado quedando con él toda la semana. Al tío le encanta la juega y sobre todo a lo bestia, como esta. Somos amigos desde hace muchos años y me lo paso genial con él. –Explicó como si notara que necesitaba saber dónde había estado.

-¿Y por qué no me llamaste? –Volví a sacar el tema.

-No me sentía con ánimos. Estaba cabreado.

-¿Con quién?

-Pues con quién va a ser. En parte contigo, pero sobre todo con Ethan. –Noté un toque de odio al nombrar al que me había llevado hasta la fiesta.

-¿Quieres decir que estabas celoso?

-Nunca he dicho eso.

-Como si lo hubieras dicho. –Le discutí.

-Reila…

-¿Sí? –Pregunté al ver que no decía nada más.

-Tengo que decirte algo.

martes, 20 de septiembre de 2011

11.

Abrí los ojos y una punzada de dolor me atacó la frente. Me senté en la cama soportando el terrible dolor de cabeza, consecuencia de la resaca, y vi cómo Mer aún dormía a mi lado. Estaba desnuda y sólo cubierta por una fina sábana que marcaba su contorno en el colchón. Quise acariciarla, besarla y enredar mis manos en su pelo, pero me arriesgaba a que se despertara y se veía muy bella mientras dormía. La paz inundaba su rostro, el cual estaba orientado hacia mí.

Miré el reloj: Las nueve de la mañana. Me levanté, y cogí mi ropa. Entré en el baño de la habitación, dispuesta a tomar un baño para calmar el dolor que torturaba a mi cuerpo. Una vez dentro de la ducha me enjaboné y entonces Mer entró conmigo.

-¿Qué haces?

-Hay que ahorrar agua. –Dijo giñándome un ojo.

Entonces me quitó la esponja y empezó a pasármela por todo el cuerpo suave y sensualmente. Una vez tuve espuma de sobra en el cuerpo empezó a utilizar las manos, sobándome los pechos desde detrás y pegando su cuerpo al mío. No pude evitar gemir y ella se acercó a mi oído.

-¿Te gusta? –Pregunto en respuesta a mi respiración agitada.

-Mmmm.

-Pues ahora quítate el jabón que vamos a ver cómo ha quedado la casa después de la fiesta de anoche. –Dijo quitándole todo atisbo de sensualidad a su voz y separándose de mí.

Se duchó rápidamente, aprovechando el jabón que había pasado de mi cuerpo al suyo durante los frotamientos. Yo no paraba de mirarle, en parte por lo increíble que me parecía lo que acababa de hacerme (dejarme con el calentón del siglo), y en parte porque era muy sexy la forma en que el agua resbalaba por la curva de su cintura.

Al final iba a resultar que yo también era bisexual…

Mer se fue y terminé de ducharme. Me puse el vestido y salimos.

Fuera de la habitación todo era una ruina. Decenas de personas dormían tiradas en el suelo, entre vasos y botellas, y aún con lo que estuvieran bebiendo en la mano. Si no a todos, a la mayoría de las personas que había por allí les faltaba alguna prenda, ya fueran los zapatos o lo básico, hasta el punto de encontrarse en ropa interior.

Después de echar un ojo por la parte alta y “no ver nada nuevo en una fiesta”, según Mer, que mientras caminábamos me contaba a los miles de fiestas a las que había ido, bajamos y un tanto de lo mismo. Por un momento me quedé mirando a un punto fijo y mi acompañante adivinó que había visto a Ethan, así que tiró de mi brazo para que la siguiera.

-Olvídale. –Me dijo.

-Estaba…

-¿Con la misma de anoche? Olvídalo. No te merece. Seguro que no sabe qué hacer con una mujer como tú en la cama. –Me miró y sonrió. No pude evitar ruborizarme.

Recorrimos la parte baja y no pude evitar reír cuando encontramos a una pareja que se había quedado dormida dándole al tema. Pocas personas seguían en pie y la música estaba apagada. La luz matutina nos cruzaba la cara y el olor que inundaba la estancia era repulsivo, así que decidimos salir a tomar el aire.

En las escaleras del porche había un chico sentado, sólo y en silencio. No parecía borracho así que supuse que se le habrían pasado los efectos del alcohol a lo largo de la noche.

La verdad es que aquel pelo negro e imposible de despeinar me resultaba familiar.

-¿Nick? –Pregunté a la silueta que me daba la espalda.

viernes, 16 de septiembre de 2011

10.

-Oh, muchas gracias. –Dije bajando el rostro y notando cómo mis mejillas se llenaban de color.

Ella también era muy guapa, pero no se lo dije.

-Y me gusta tu vestido. Te queda de muerte.

-Me lo ha regalado… Me lo han regalado. –Sentencié.

-Ha sido él, ¿verdad? –No me dejó contestar. –Si te lo quitaras quizá te sentirías mejor. –La mire asombrada.

-No me puedo creer que quieras aprovecharte de que estoy mal para acostarte conmigo. –La acusé con desprecio.

-Esto es una fiesta. –Sacó una cajetilla de tabaco del bolsillo de su chaqueta de cuero. -¿Quieres? –Negué con la cabeza. –Las fiestas están para pasárselo bien y para acostarse con personas a las que no verás jamás. No puedes estar mal en una fiesta y, ¿qué mejor cura para el mal de amores que el sexo con un desconocido?

-¿Qué insinúas?

-Ag, Reila. No insinúo nada. Te lo estoy diciendo bien claro: Me gustas, estás muy buena.

-Paso. No me van las tías. –Dije mirando hacia otro lado.

-Ah, ¿no? Dímelo a la cara. Venga, mírame a los ojos y dime que no te pongo.

Me giré hacia ella.

-No me…

No pude terminar la frase. Cuando quise darme cuenta su boca estaba sobre la mía y nuestras lenguas se entrelazaban en un interminable beso. No forcejeé, sólo me dejé llevar.

-¿Qué haces? –Dije cuando se separó de mí.

-¿Te ha gustado?

No pude contestar. Me quedé mirándole fijamente. A los labios, a los ojos; otra vez a los labios. Hasta que no pude más… Aquel beso me supo como un chorro de agua en medio de un desierto, como si fuera el primero y más necesitado.

Me abalancé y quedamos las dos tendidas en el suelo, yo encima de ella; ella debajo de mí. La unión de nuestras bocas era perfecta, dando lugar a un segundo beso en el que participaban las dos partes.

Me separé de ella, pero sus manos seguían en mi cintura.

-Tú ganas. –Dije mientras me levantaba.

Mer me cogió de la muñeca y volvimos a entrar en la casa. Subimos las escaleras y entramos en la primera habitación que encontramos libre.

-Doy por sabido que es tu primera vez con una tía. Un consejo: Déjate llevar. –Me tranquilizó giñándome un ojo mientras me empujaba y yo caía sobre la cama.

Mer se quitó la camiseta negra que llevaba.

-No, espera. –Dijo al ver que intentaba quitarme el vestido. –Quiero hacerlo yo.

Me acosté boca abajo y ella se sentó en mi trasero, poniendo una rodilla a cada lado de mi trasero. Mordió en cierre de la cremallera y empezó a bajar, abriendo así el vestido con los dientes.

Por mis venas corría una mezcla de inseguridad y nerviosismo, a pesar de que me esforzaba por hacer caso al consejo de mi amante.

Me senté en la cama y, una vez Mer estuvo de pie le bajé la falda de un tirón.

-He traído esto. –Dijo sacando sabe Dios de dónde una botella de Jack Daniel’s.

¿Cuándo coño la había cogido? Bah, no importaba mucho. Se la arrebaté de las manos y di y largo trago. Luego sacudí la cabeza e intentando no decepcionar a Mer, que debía ser una veterana, rajé sus medias con los dientes y le quité la ropa interior.

-Grrrrr. –Gruñó.

Empujó mis hombros y me volvió a acostar, pero esta vez ella reposaba encima de mí y podía sentir cómo sus pechos rozaban mi cuerpo, y cómo el aire salí de su nariz, al tiempo que me besaba el cuello y mordía mi oreja derecha. Gemí y ella me desabrochó el sujetador en respuesta.

Luego fue bajando y poco a poco mi cuerpo se convirtió en un campo de besos marcados por carmín rojo que sufría ligeros espasmos de placer. Llegó al punto clave, el símbolo de la feminidad, y paró. Me miró, me dedicó una sonrisa traviesa llena de placer y hundió su cabeza entre mis piernas. Un calor insoportable inundó mi cuerpo y noté cómo abría la boca y gritaba de placer, llevando mis manos a la cabeza de Mer para que no parase.

En ese momento casi ni recordaba mi nombre, ni por qué estaba allí. No conocía a los dos chicos que me habían hecho llorar ni mucho menos a las chicas que estaban con ellos. Sólo sentía cómo la lengua de Mer se fundía de placer en aquella zona de mi cuerpo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

9.

-¡Hey, Reila! –Estaba borracho, se veía a la legua. -¿Te unes a nosotros?

Los dos rieron de forma enfermiza.

-¿Dónde coño te has metido? –Pregunté enfadada. –Quiero decir… Me alegro de que estés bien pero he de admitir que estaba un poco preocupada. Te fuiste del club así como así y no te he visto más hasta ahora. –Se me había bajado el alcohol a los tobillos. Había vuelto a estar sobria de un momento a otro.

-Bah, el dueño de la casa es colega mío. Le he ayudado a organizar todo esto. ¿A que es una pasada? Joder, Reila. Esta semana he follado como un cabrón –Rió otra vez y la chica que estaba a su espalda tiró de sus calzoncillos para que entrara en la habitación.

-¿Puedes dejarme hablar con él un momento? –Le dije como si Nick me perteneciera, como si fuera mejor que ella. Cabreada, vamos.

-Bah, no seas corta rollos, tía. –Dijo Nick dejándose arrastrar. –No me jodas el polvo. Si no vas a ayudar, lárgate. –Y entró en la habitación.

Me quedé allí de pie, escuchando las risas a través de la puerta, sin moverme. Mis ojos se llenaron de lágrimas y sentí cómo poco a poco iban cayendo una a una por mi rostro. Tuve que ahogar varios gemidos. ¿Aquel era el verdadero Nick? ¿Así era cuando estaba en confianza o era todo fruto del alcohol?

No podía soportar seguir allí parada, oyendo lo bien que se lo pasaban los dos. No estaba celosa, sólo dolida. Dolida por la forma en que me había tratado Nick… ¿O quizá si estaba celosa? Absurdo.

Empecé a bajar por las escaleras y me di cuenta de que cada vez bajaba más rápido de forma inconsciente. Llegué abajo y empecé a buscar a Ethan con la mirada. Quería irme y estar un rato abrazada a él, más por apoyo moral que porque fuera realmente él. Quiero decir, me daría igual si el que me consolaba era el mismísimo presidente de los Estados Unidos, sólo quería que alguien me abrazara. Cualquier persona.

Por fin, después de tener que quitarme a varios babosos de encima, vi su inconfundible camiseta roja. Parecía tener la frente apoyada contra la pared. Me acerqué más a él.

-Oh, Ethan, por fin te encuentro… -Dije procurando que s me oyera por encima de la música.

Se giró y pude ver que no estaba apoyado en la pared sino que se estaba magreando de lo lindo con otra tía.

-¿Pero qué coño…? –Le di un tortazo al cabrón mentiroso que me había llevado a esa fiesta y me dirigí a la puerta de la calle.

-Reila, espera. –Le oí gritar a mis espaldas antes de salir por la puerta.

Pero mucho no debió importarle porque ni siquiera salió a buscarme. Me dejó llorar sola en el porche, sentada en las escaleras.

-¿Puedo sentarme? –Oí una voz femenina a mi espala.

Solté un gemido que ella debió interpretar como un si porque se sentó de inmediato.

-Bonita noche, ¿verdad? –Preguntó alegre.

-¿Qué coño haces aquí en lugar de estar ahí dentro pasándolo bien?

-Llámame cotilla si quieres pero he visto lo que ha pasado con el que supongo que es tu chico y…

-Era mi chico. –Le interrumpí.

-Bueno que me sabía mal estar pasándomelo bien cuando tú estás aquí sola llorando.

Levanté el rostro y sequé mis lágrimas.

-A ver. -dijo la chica girando mi rostro para quedar cara a cara. –Tienes la cara llena de maquillaje.

Sacó unas toallitas de su bolso y con sumo cuidado limpió mis mejillas. Entonces pude ver su larga melena roja y sus enormes ojos verdes. Llevaba un aro en el orificio derecho de la nariz y sus labios eran tan finos que resultaban frágiles.

-Me llamo Mer. –Dijo pasando la toallita por mi rostro por última vez.

-Gracias. Yo soy Reila.

-Los hombres son unos cabrones… Pero tienen su punto. Sin embargo las mujeres son mucho más hermosas y entienden mejor los sentimientos. En general, quiero decir. De todas manera no puedo evitar sentirme atraída por el género opuesto.

-¿He de suponer que eres bi? –Pregunté sin mucho interés.

-Sí, supongo.

Hubo un largo silencio. Largo pero agradable, cada una estaba en su mundo. Mirando al cielo estrellado me puse a pensar en que tenía razón y en Nick.

-Eres muy guapa. –Comentó Mer rompiendo el silencio. –Muy, muy guapa.

8.

Me pasé una semana sin ver a Nick. No tenía ni idea de dónde estaba, no me cogía el teléfono ni contestaba a mis mensajes. Estaba preocupada, pero no porque le quisiera ni nada de eso, sólo que vivíamos juntos y en cierto modo me sentía responsable de cuidar de él.

Ethan me llamó al día siguiente, como había prometido. Estuve media semana en la calle y la otra mitad en la cama, con él. Siempre con él… Incluso se quedó a dormir en casa un par de días. Ahí fue cuando se enteró de que vivía con Nick y noté que se había puesto bastante celoso y a la vez contento de que estuviera desaparecido. En ese momento lo odié, más por instinto que por sentimiento… Supongo. No paraba de hablar de la fiesta “tan guay” a la que íbamos a ir el sábado. Que si iban a ir cientos de personas, que si la bebida iba a ser buena, que si no sé qué de la música… En esos momentos yo aprovechaba para desconectar y me preguntaba cómo y dónde estaría Nick. No es que no quisiera ir a la fiesta, sólo que no me hacía tanta ilusión como a él.

Cuando caminábamos por la ciudad no paraba de mirar disimuladamente en todas direcciones, con la esperanza de cruzarme con Nick. Sólo para saber que estaba bien, nada más. Quería a Ethan pero él no estaba desaparecido, no tenía que sentir preocupación por él y por eso no me sentía culpable de pensar en Nick en algunas ocasiones.

Llegó el fin de semana. Me preparé y al mirarme en el espejo noté cómo una sonrisa aparecía en mis labios. El vestido que me había regalado Ethan me quedaba francamente bien y los tacones le daban un aire más sexy aún al conjunto. No me esforcé nada con el pelo, lo llevaba igual que siempre: Mi melena, que había decidido teñir de castaño claro (mi color natural), caída sobre los hombros. Y el maquillaje era el de siempre: negro para los ojos y un leve tono rojo en los labios. Me di la vuelta para ver la cremallera que recorría mi cuerpo de arriba abajo y sonreí satisfecha. Después de ponerme un par de pulseras estaba lista. No tenía miedo a desentonar ya que Ethan me había dicho que la fiesta rollo rockero así que podría ser yo misma.

Esperé y cuando Ethan aparcó, se bajó del coche y tocó el timbre le abrí la puerta.

-Madre del amor hermoso. –Dijo suavemente.

-¿Te gusta?

-¿Qué si me gusta? Mataría dragones por ti, nena. –Me agarró por la cintura y me besó.

-Qué cursi eres. –Me burlé.

-¿Prefieres que te diga “Dios mío de mi alma, qué buena estás. Podría arrancarte el vestido a mordiscos y follarte aquí mismo.”? Porque es lo que pienso.

-Venga, vámonos. –Dije riendo.

Le arrastré hasta el coche y nos fuimos.

Cuando llegamos a calle en la que era la fiesta (una en la que no había estado nunca) entendí la excitación de Ethan. Realmente era una fiesta por todo lo alto. Los cientos de coches ocupaban todos los aparcamientos a lo largo de la calle y parte de otra, y la música se oía desde bastante lejos.

-Dios… -Susurré impactada.

-Mola, ¿eh?

Una vez conseguimos encontrar un aparcamiento tuvimos que caminar bastante para llegar a la casa y luego tocamos el timbre. Nos abrió una chica no demasiado guapa, supongo que la que más cerca estaba de la puerta porque más tarde supe que no era la dueña de la casa ni de la fiesta.

-¡Hey! –Saludó. Y Ethan y yo entramos.

Nos servimos unas copas y Ethan empezó a presentarme a un montón de gente que no recuerdo. Después de unos cuantos rones fui animándome y empecé a bailar. Ethan no se separaba de mí ni un momento y tampoco su entrepierna de mi cadera. Entre que ya estaba medio pedo y que el roce no cesaba me puse bastante caliente.

-Te espero en el baño de arriba.

Ethan dio un trago a la copa.

-Subo en un segundo. No te vayas, eh.

Subí lentamente cada peldaño de la escalera, contoneándome sin saber si quiera si Ethan seguía mirándome. No tenía ni idea de dónde estaba el baño, algo estúpido por mi parte así que fui probando en todas las puertas, que no eran pocas ya que la casa era enorme. Os aseguro que vi de todo, desde un tío masturbándose hasta una orgía de cinco personas y nadie se dio cuenta de que había abierto la puerta, el alcohol en sangre y los gemidos hacían que yo pasara desapercibida. De repente, mientras avanzaba por el pasillo una puerta se abrió y un chico en calzoncillo salió con una almohada en la mano seguido de una chica que sólo llevaba la parte de abajo del conjunto de ropa interior. Los dos reían a carcajadas y pude ver cómo en un momento el chico le metía mano a la chica y ella le besaba apasionadamente. Decidí pasar por su lado e ignorarlos, yo iba a lo que iba.

Entonces, mientras pasaba por detrás del chico su acompañante le empujó y chocamos. Me miró.

-¿Nick? –Pregunté estupefacta.