-¿Qué ha sido eso? –Pregunté con miedo a que Frank nos viera así.
-Yo no he oído nada… Habrá sido tu imaginación. Duérmete un rato. –Contestó tranquilo cerrando los ojos.
Y yo, como una niña buena que pretendía ser, obedecí y en cuestión de minutos disfrutaba de un plácido sueño acompañado de la respiración de mi compañero.
*Amy*
Llamé a la puerta e intenté entrar. Para mi suerte esta estaba abierta, pero no había nadie a mi alrededor. Había llegado hasta allí para hablar con Frank, pensaba contarle lo que sentía por Reila y pedirle consejo… Además, esperaba que pudiera ayudarme a prepararle algo bonito ya que a mí esas cosas no se me daban demasiado bien.
Entré y caminé por las diferentes salas de la planta baja esperando que alguien respondiera a mi llamada.
-¿Frank? ¿Frankie, estás ahí? –Preguntaba al aire.
Cuando estaba a punto de rendirme y salir por la puerta con la idea de que se había quedado abierta pensé que quizá hubiera alguien en la parte alta. Y subí. Silenciosamente avanzaba por el pasillo mirando dentro de las habitaciones que tenían la puerta abierta, tenía miedo de que el enano estuviera durmiendo y yo pudiera despertarlo. Si no veía a nadie me marcharía, ya hablaríamos otro día. Entonces llegué a la habitación de Frank, y esperando encontrarlo ahí asomé tímidamente la cabeza. Lo que vi me dejó sin palabras, no podía creerlo. Reila yacía en el torso de Nick, ambos desnudos, apenas tapados por una fina sábana. Nick tenía las manos en la pequeña cintura de la chica, de mi chica. Despacio, sin despertarlos, me acerqué a la cama y aún con la boca abierta, rota de dolor y muerta de vergüenza por tal insulto a mi inteligencia, perdí el control de mis actos. Ágilmente cogí el cenicero de cristal que había en la mesilla de noche y lo elevé sobre mi cabeza dispuesta a cometer un error alimentado por la decepción. Nick se despertó al grito de “capullo” y el cenicero se hizo añicos en su cabeza haciendo que con un gemido de dolor cayera al suelo inconsciente. El ruido y los bruscos movimientos hicieron que se rompiera el sueño de Reila y esta se dio cuenta la situación, reaccionando rápidamente. Corrió hacia el teléfono y llamó a la policía antes si quiera que llorar un poco al lado de su novio. A todo esto, con sus fuertes movimientos, yo contemplaba la perfección de su cuerpo y el movimiento de sus senos con fascinada expresión. Me acerqué a ella y agarrándola por las muñecas empotré su cuerpo desnudo contra la pared.
-Reila, tú me has obligado a hacerlo. Todo podría haber sido más fácil. –Me temblaron un poco las palabras antes de que una lágrima cayera por mi mejilla. –Yo te quiero, podemos ser felices.
-Me haces daño. –Respondió esquivando mi intento de besarla.-
-Princesa, si no quieres estar conmigo no estarás con nadie. –Sentencié dejándola libre para romper el espejo de la habitación.
Ella gritó cuando los destrozados pedazos de cristal cayeron al suelo y me miró con una expresión de terror cuando me vio coger uno de considerable tamaño.
-¿Qué pretendes hacer? –Quiso saber mientras yo devoraba su desnudo cuerpo con una perversa mirada lasciva.
-Matarte, es obvio, ¿no? Una vez muerta podré hacer con tu cuerpo lo que quiera. Ya no podrás negarte a estar conmigo, y no te irás con ese gilipollas. Serás mía, y me amarás como yo te amo a ti. Porque te amo con mi alma, Reila…
En ese momento varios coches de policía y una ambulancia aparcaron en la entrada de la casa. Debo admitir que eso me distrajo un poco y le dio tiempo a Reila para golpearme dejándome tirada en el suelo y buscar algo que ponerse encima justo en el momento en el que dos agentes entraban en la habitación. Intenté oponer resistencia y escapar, pero eran dos hombres contra mí y no pude hacer nada para impedir que me esposaran con las manos a la espalda y me llevaran afuera para meterme en un coche y llevarme a declarar. De camino a comisaría escupí y maldije a la madre de los agentes en varias ocasiones… No creo que eso ayudara a mi situación, pero me sentí libre porque era lo que quería hacer.
*Reila*
Una vez la policía se hubiera llevado a aquella loca desquiciada me subí en la ambulancia para acompañar a Nick al hospital. Los enfermeros habían dicho que tenía traumatismos y no pensaba dejarlo sólo ni un momento, no ahora.
Llegamos de forma rápida y sin dificultad pero una vez en el hospital tuve atender a maneras ya que no me dejaban ir con Nick hasta la sala en la que iban a hacer que se recuperase, en palabras de ignorante.
Pasé toda la noche en la sala de espera hasta que cuando por fin ya era de día, a primera hora de la mañana, me permitieron entrar con mi chico si prometía no causarle molestias y dejarle descansar. Así que en lo que él se despertaba yo tomé una ducha en el baño de la habitación. Cuando salí del baño una mujer que no conocía lloraba agarrada de la mano del chico que yacía en la cama.
-¿Hola? –Pregunté al tiempo que la mujer se giraba y me dejaba ver su rostro.