jueves, 22 de diciembre de 2011

22.

-¿Qué ha sido eso? –Pregunté con miedo a que Frank nos viera así.

-Yo no he oído nada… Habrá sido tu imaginación. Duérmete un rato. –Contestó tranquilo cerrando los ojos.

Y yo, como una niña buena que pretendía ser, obedecí y en cuestión de minutos disfrutaba de un plácido sueño acompañado de la respiración de mi compañero.

*Amy*

Llamé a la puerta e intenté entrar. Para mi suerte esta estaba abierta, pero no había nadie a mi alrededor. Había llegado hasta allí para hablar con Frank, pensaba contarle lo que sentía por Reila y pedirle consejo… Además, esperaba que pudiera ayudarme a prepararle algo bonito ya que a mí esas cosas no se me daban demasiado bien.

Entré y caminé por las diferentes salas de la planta baja esperando que alguien respondiera a mi llamada.

-¿Frank? ¿Frankie, estás ahí? –Preguntaba al aire.

Cuando estaba a punto de rendirme y salir por la puerta con la idea de que se había quedado abierta pensé que quizá hubiera alguien en la parte alta. Y subí. Silenciosamente avanzaba por el pasillo mirando dentro de las habitaciones que tenían la puerta abierta, tenía miedo de que el enano estuviera durmiendo y yo pudiera despertarlo. Si no veía a nadie me marcharía, ya hablaríamos otro día. Entonces llegué a la habitación de Frank, y esperando encontrarlo ahí asomé tímidamente la cabeza. Lo que vi me dejó sin palabras, no podía creerlo. Reila yacía en el torso de Nick, ambos desnudos, apenas tapados por una fina sábana. Nick tenía las manos en la pequeña cintura de la chica, de mi chica. Despacio, sin despertarlos, me acerqué a la cama y aún con la boca abierta, rota de dolor y muerta de vergüenza por tal insulto a mi inteligencia, perdí el control de mis actos. Ágilmente cogí el cenicero de cristal que había en la mesilla de noche y lo elevé sobre mi cabeza dispuesta a cometer un error alimentado por la decepción. Nick se despertó al grito de “capullo” y el cenicero se hizo añicos en su cabeza haciendo que con un gemido de dolor cayera al suelo inconsciente. El ruido y los bruscos movimientos hicieron que se rompiera el sueño de Reila y esta se dio cuenta la situación, reaccionando rápidamente. Corrió hacia el teléfono y llamó a la policía antes si quiera que llorar un poco al lado de su novio. A todo esto, con sus fuertes movimientos, yo contemplaba la perfección de su cuerpo y el movimiento de sus senos con fascinada expresión. Me acerqué a ella y agarrándola por las muñecas empotré su cuerpo desnudo contra la pared.

-Reila, tú me has obligado a hacerlo. Todo podría haber sido más fácil. –Me temblaron un poco las palabras antes de que una lágrima cayera por mi mejilla. –Yo te quiero, podemos ser felices.

-Me haces daño. –Respondió esquivando mi intento de besarla.-

-Princesa, si no quieres estar conmigo no estarás con nadie. –Sentencié dejándola libre para romper el espejo de la habitación.

Ella gritó cuando los destrozados pedazos de cristal cayeron al suelo y me miró con una expresión de terror cuando me vio coger uno de considerable tamaño.

-¿Qué pretendes hacer? –Quiso saber mientras yo devoraba su desnudo cuerpo con una perversa mirada lasciva.

-Matarte, es obvio, ¿no? Una vez muerta podré hacer con tu cuerpo lo que quiera. Ya no podrás negarte a estar conmigo, y no te irás con ese gilipollas. Serás mía, y me amarás como yo te amo a ti. Porque te amo con mi alma, Reila…

En ese momento varios coches de policía y una ambulancia aparcaron en la entrada de la casa. Debo admitir que eso me distrajo un poco y le dio tiempo a Reila para golpearme dejándome tirada en el suelo y buscar algo que ponerse encima justo en el momento en el que dos agentes entraban en la habitación. Intenté oponer resistencia y escapar, pero eran dos hombres contra mí y no pude hacer nada para impedir que me esposaran con las manos a la espalda y me llevaran afuera para meterme en un coche y llevarme a declarar. De camino a comisaría escupí y maldije a la madre de los agentes en varias ocasiones… No creo que eso ayudara a mi situación, pero me sentí libre porque era lo que quería hacer.

*Reila*

Una vez la policía se hubiera llevado a aquella loca desquiciada me subí en la ambulancia para acompañar a Nick al hospital. Los enfermeros habían dicho que tenía traumatismos y no pensaba dejarlo sólo ni un momento, no ahora.

Llegamos de forma rápida y sin dificultad pero una vez en el hospital tuve atender a maneras ya que no me dejaban ir con Nick hasta la sala en la que iban a hacer que se recuperase, en palabras de ignorante.

Pasé toda la noche en la sala de espera hasta que cuando por fin ya era de día, a primera hora de la mañana, me permitieron entrar con mi chico si prometía no causarle molestias y dejarle descansar. Así que en lo que él se despertaba yo tomé una ducha en el baño de la habitación. Cuando salí del baño una mujer que no conocía lloraba agarrada de la mano del chico que yacía en la cama.

-¿Hola? –Pregunté al tiempo que la mujer se giraba y me dejaba ver su rostro.

sábado, 3 de diciembre de 2011

21.

No supe nada de Nick hasta llevar tres días desaparecido. Después de haberle llamado miles de veces sin obtener respuesta, decidí hablar con Frank y Mer. Ya sé que podría haberlo hecho antes, pero contarles que Nick se había ido muy enfadado de casa requería una explicación, y si les contábamos a los chicos algo sobre lo nuestro, quería que fuéramos los dos juntos. Sin embargo, no soportaba la idea de no saber dónde ni cómo estaba el pelinegro.

-¿Nick? Sí, está en casa. No sé qué habrá pasado, pero está muy cabreado, eh. –Me contó Frank sin pedirme explicaciones, como yo esperaba.

-¿Crees que podría ir a verle?

-Claro. –Me lanzó las llaves de su casa. – Por intentarlo. Te digo, a mí apenas me habla, pero bueno, eres tú…

Sin terminar de entender lo último, me apresuré a buscar un taxi.

-¡Hey! Reila, que te presto el coche. –Oí que gritaba Mer.

Me paré en seco, sopesé la idea y rápidamente volví con los chicos, cogí las llaves del coche y me fui hasta él. Tenía que llegar cuanto antes, pero al parecer el tráfico estaba en contra… Esto me dio tiempo a pensar lo que le diría cuando le viera. Aún así nada de lo que podía decir me pareció apropiado y cuando llegué estuve alrededor de una hora en la puerta de la casa de Frank, sin decidirme a entrar. Mis temores más estúpidos sobrevolaban por encima de mi cabeza, y mientras el viento movía mi negra melena yo me imaginaba a Nick con otra mejor que yo, abandonándome por ser tan estúpida.

En un acto inconsciente empecé a llorar justo antes de que en frente de mí se abriera la puerta principal para que apareciera allí, como un ser divino, aquel chico de ojos azules. Nick se quedó paralizado y pude mirarle a la cara. Entonces me di cuenta de que volvía a tener esas ojeras que indicaban su falta de sueño, iguales a las que se podían ver cuando le conocí.

-Reila… -Dijo despacio, indeciso.

Más tarde me contó que en aquel momento no sabía qué hacer, si arrastrarse y pedir perdón porque no podía vivir sin mí o si mantener el orgullo en alto y esperar a que fuera yo la que me arrastrara.

Me miró, esperando a que dijera algo. Le miré, observando sus tistes ojos. Y como si nos hubiésemos leído la mente nos abalanzamos uno sobre el otro, sellando el contacto con un desesperado beso.

Perdió el control de sus manos, perdí el control de mi lengua, y en un torpe movimiento Nick me hizo entrar en la casa sin soltarme en ningún momento, cerrando luego la puerta, en la que bruscamente me dejó caer. Su cuerpo ejerció una fuerte presión sobre el mío y pude notar sus músculos tensos rozarse por mi silueta. Poco a poco fuimos desnudándonos, el uno al otro, sin dejar de besarnos lujuriosamente.

-Arriba. –Susurró con la respiración entre cortada antes de pasar su brazo por debajo de mis piernas y elevarme del suelo. Antes de subirme a la planta alta y dejarme suavemente en la cama de matrimonio de la habitación de Frank. Antes de dejar toda nuestra ropa en la parte baja.

-Lo siento por… -Intenté disculparme casi sin voz.

-Shh, ya habrá tiempo para eso. –Me interrumpió.

Y se acostó sobre mí, poniendo toda nuestra piel en contacto. Mientras me besaba su mano empezó a masajear mi húmedo sexo y unos segundos más tarde yo me decidí a hacer lo mismo en su cuerpo. Poco a poco sus labios se fueron trasladando a lo largo de mi cuello para luego pasar a mis senos y, más tarde, a mi liso vientre, jugueteando con mi ombligo. A todas estas yo no paraba de producir sonidos lascivos y gemidos que invitaban a tomar mi cuerpo.

Sin poder aguantar más, hice que giráramos sobre nosotros mismos, quedando yo encima de Nick. Recogiendo mi larga melena en una sola mano y apoyando la otra sobre el vientre de mi amante comencé a mover la cadera en círculos sensualmente, mientras Nick masajeaba mis pequeños pechos. Aquello se había convertido en una ópera sexual, y nosotros éramos el dúo de voces.

-Re-reila, p-por favor… -Suplicó jadeante.

Entonces, colando una mano por debajo de mí conseguí colocar su duro y mojado miembro en vertical y así poder ser penetrada. Al principio me movía despacio y suavemente, haciendo que Nick estallara de placer; sin embargo mis movimientos se tornaron bruscos y, con una velocidad inimaginable, empecé a cabalgar sobre el pelinegro. Arriba, abajo, arriba, abajo… Y mis pechos bailaban al ritmo de las estacadas.

Los gritos podían haberse oído en todo el barrio, bien lo sabía yo, pero nunca nos comentaron nada…

Un incesante fuego prendía hasta mis ideas más profundas, y apenas podía abrir los ojos del placer que aquel chico me estaba proporcionando.

-M-me vengo-o… -Oí que decía a duras penas.

Y, efectivamente, segundos después un líquido caliente me llenaba por dentro y Nick dejaba de forzar mis movimientos. Me dejé caer y, después de posar un tierno beso sobre sus labios, apoyé la cabeza en su pecho. Él posó sus manos en mi cintura.

-Te quiero, Reila. Y siento la escenita del… -Empezó a disculparse.

-Shh, ya habrá tiempo para eso. –Le interrumpí como había hecho él anteriormente.

Cuando ya llevábamos allí quince minutos, disfrutando del ambiente que había quedado y aprovechando el calor que desprendían nuestros cuerpos, sonó el timbre, para posteriormente dar lugar al sonido de una puerta abriéndose.