sábado, 26 de noviembre de 2011

20.

Pasó un mes. Ya hacía tiempo que nos habíamos ido de Londres y ni Frank, ni Mer sabían nada de lo ocurrido en la fiesta. Nick y yo habíamos iniciado una relación pero no queríamos que nadie lo supiera aún, guardaríamos el secreto un tiempo y que los demás se enteraran cuando se enterasen. Habíamos dejado la obra de lado con la excusa de que el tiempo estaba mal para trabajar, pero lo cierto es que ninguno de los dos queríamos que Nick se fuera de casa, ya que por fin había cogido confianza y se encontraba a gusto allí.

Muchas noches asomaba la cabeza por la puerta de mi habitación y susurrando mi nombre hacía que le mirara, entonces se acercaba casi corriendo y entre risas empezaba a hacerme cosquillas. Después de estar un rato revolcándonos en la cama, una vez él abandonaba su intento de hacerme llorar de risa, me abrazaba con sus delicados brazos y dormíamos juntos. Más de una vez alguno de los dos acabó en el suelo, ya que la cama era demasiado pequeña. Y luego, cuando despertábamos, y de forma tierna, rozándonos el uno contra el otro, preparábamos el desayuno.

Fue una época feliz como ninguna. Cada día despertaba con motivos para sonreír, motivos por los que ponerme guapa. Ya no estaba sola, no sólo tenía a un chico fantástico, aunque con sus ataques de celos, sino que me acompañaban otras dos personas de las cuales me había hecho amiga inseparable: Mer y Frank.

Las cosas habían cambiado mucho en apenas un año, pero no me importaba mientras el cambio fuera tan positivo como aquel.

Cierto día, mientras Nick y yo desayunábamos en la cocina, llamaron a la puerta.

-Voy yo. –Dije mientras me levantaba de la silla y dejaba un suave beso en los labios de aquel chico de pelo negro.

Al abrir la puerta me encontré cara a cara con Amy, que venía muy arreglada para ser tan temprano.

-Buenos días, Amy. ¿Qué te trae por aquí?

-¿Está Nick en casa?

-No. –Mentí. -¿Por qué?

-Quería hablar contigo. –Entró y se sentó en el sofá

-¿Y bien? –Pregunté mientras me sentaba a su lado.

Entonces en un movimiento rápido me agarró por el cuello y acercándome hacia ella, me besó. El desconcierto y la preocupación de saber quién estaba en la cocina hicieron que la apartara de un empujón.

-¿Qué demonios haces? –Grité sabiendo que Nick me oiría.

-Reila, te quiero, ¿vale? Eres preciosa, divertida, inteligente… No sé, en serio, no sé por qué pero me muero por tus huesos. No soportaba verte con Ethan y no soporto pensar que no eres mía.

-Para empezar yo no soy de nadie. Y creo que deberías irte. –Dije intentando mantener la calma.

-Reila, me suicido, ¿eh? ¿Me oyes? Si no puedo estar contigo creo que nada merece la pena. –Confesó echándose a llorar.

-¿Me estás haciendo chantaje emocional?

-No, sólo te digo que te quiero, y que sin ti todo es negro, ¿entiendes? –Hizo en una pausa. –Yo no quiero vivir en un mundo negro –Se tapó la cara con las manos.

Las palabras casi no salían de su boca, aquello último había sonado como si el llanto ahogara sus palabras en un mar de lágrimas.

-Amy… Yo… Vete, ¿vale? Te llamaré esta noche, te lo prometo. Necesito pensarlo un poco.

Y después de hacerme jurar que lo pensaría, se fue.

Dejando un tiempo de margen para asegurarse de que Amy ya se habría ido, Nick salió de la cocina encolerizado.

-¿Qué? Me estás vacilando, ¿no? –Gritó. -¿Qué pollada es esa de que te lo vas a pensar?

- Cariño, ¿no la has oído? Se mata.

-¿Y tú la crees? Esa tía sólo quiere llamar la atención, joder.

Estaba muy cabreado, y lo podía notar en sus gentos, rápidos y enérgicos. Los ojos rojos delataban que podría echarse a llorar si su orgullo no se lo impidiese; y la forma en que se mordía el labio delataba sus celos enfermizos.

Hubo un momento de silencio.

-Podría fingir que salgo con ella… -Me atreví a proponer.

-No va en serio, ¿no? –Me miró fijamente. -¿De verdad crees que yo puedo estar aquí tranquilamente mientras sé que estás por ahí tirándote a la zorra de Amy? Eso si no me tengo que ir a un hotel y dejaros la casa.

-Nick, yo… -Miré al suelo- No soportaría la idea de que se suicidara por mi culpa. –Dije casi en un susurro.

-¡No es tu culpa! –Volvió a gritar. –Así que te lo has planteado en serio… Genial. Me voy. –Subió a ponerse algo para salir.

Desde abajo se podía oír el escándalo que estaba formando. Portazos, gritos y golpes venían de la planta alta.

-¿A dónde vas? –Pregunté una vez había bajado de nuevo.

-A donde sea, lejos de esta jodida casa y de tus gilipolleces. –Gritó antes de salir dando un portazo.

-Adiós… -Susurré mientras una única lágrima caía por mi mejilla.

martes, 8 de noviembre de 2011

19.

La tensión me paralizaba el cuerpo y Nick, que se encontraba de rodillas enfrente de mí, no parecía reaccionar.

Desde el interior de la vivienda nos llegaban los gritos y risas de los invitados.

-Siempre te quedará la opción comodín… -Insinuó Nick.

-¿Y cuál es esa?

-¿Reila? ¿Estás ahí? –La voz de Gerard se oía de cerca.

-¿Quién es ese?

-Oh, Dios. Es Gerard… Estaba bailando con él y le he dejado tirado.

Nick se levantó y me cogió de la mano, dispuesto a que saliéramos los dos de allí. Pero Gerard nos vio antes de que tuviéramos tiempo de ir muy lejos y con un “hey” hizo que me parara en seco.

-¿No me habías dicho que Nick no era tu novio? Entonces, ¿qué hacéis los dos aquí solos? –Preguntó con el cejo fruncido.

-Esto… Em..

-¿Le has dicho eso? –Dijo Nick expresando asombro. –Pues sí, soy su pareja desde hace tres años. No entiendo por qué te ha dicho algo así… Supongo que es porque estábamos pasando una mala época. Pero bueno, ya está todo arreglado. ¿Verdad cariño? –Me miró sonriendo.

-Sí, todo arreglado. –Atiné a decir.

-Demuéstrenlo.

Entonces Nick se acercó a mí y me susurró en el oído:

-Ahora, corre.

Y corrí. Corrimos lejos mientras los dos reíamos a carcajadas. Y, una vez que ya no pudimos oír los gritos que nos llamaban y pedían nuestro regreso, paramos. Fatigados nos sentamos en la fría hierba nocturna y contemplamos durante un rato las estrellas que nos observaban desde el cielo.

-¿Por qué no me besaste simplemente? En lugar de huir, quiero decir. Eso lo habría convencido.

-No quería ni por asomo que nuestro primer beso fuera porque un desconocido nos incitaba a hacerlo. Además, correr es más divertido. –Explicó con una sonrisa mientras me miraba.

-Nick, ya no somos niños. El primer beso no es algo tan importante…

-Ya. En cualquier otra pareja me parecería algo normal, pero quiero que nuestro primer contacto sea diferente a cualquier otro. Quiero que sea especial.

-Y, ¿cuándo te parece adecuado que suceda?

-No podemos planear eso. Tiene que salir por sí mismo para que sea de verdad especial. –Dijo acostado en la hierba y con las manos en la cabeza mientras miraba el cielo. Un pequeño mechón de su flequillo negro le resbaló por la frente.

-Nick... –Respondió con un gemido. –Si como tú dices me quieres… Amy…

-¿Qué pasa con Amy? –Me interrumpió casi gritando a la vez que se sentaba con las manos apoyadas en el suelo. -No te habrá dicho nada, ¿no?

-¿Sobre qué? ¿Estás con ella o algo?

-¿Qué? –Se calmó, pero parecía extrañado. –No, claro que no. ¿Qué sabes tú sobre esa chica?

-Es muy maja.

-¿Nada más? Pues es lesbiana.

-¿Entonces por qué ha estado tan cariñosa contigo últimamente?

-¿Cariñosa? No veas el tiempo que ha estado dándome la chapa para que le diga una manera de conquistarte… Y claro, yo me cabreo ante la posibilidad de que las cosas entre vosotras pudieran salir bien y me pongo insoportable contigo.

-Y con ella.

-Pero ella me da igual. –Dijo con indiferencia.

-Además, ¿por qué crees que me enamoraría de una tía?

-¿Piensas que soy tonto? ¿Te crees que no sé que te acostaste con Mer en la fiesta de Frank?

Me ruboricé y se acercó a mí.

-Eres monísima, en serio. Y me alegro de que Ethan te dijera que te quitaras el tinte azul y te pusieras el negro otra vez. Es lo único que le agradezco. –Confesó acariciando un mechón de mi larga melena.

Sin saber qué decir miré hacia abajo avergonzada por el recuerdo. Nick me agarró de la barbilla y allí, bajo la luz de la luna, que nos había encontrado, me besó. Como si de una película se tratase me regaló nuestro primer contacto, el que él consideraba tan especial.

No fue un beso brusco, ni apasionado, ni soso… Fue un simple beso sin nada de particular. Pero pensar que la persona que me estaba regalando ese beso era Nick, y que por fin sabía que me quería, me producía un placer infinito, el cual nunca volví a sentir. Podría decir que, durante los años siguientes, cada vez que me besaba era mágico, como la primera vez, pero mentiría. No hubo nada parecido a la primera vez. Hubo momentos inolvidables e inigualables, pero aquel beso quedó en mi memoria como la mayor muestra de confianza que nadie me había dado y, aunque no fuera apasionado, descargué en él todo lo que había guardado dentro. No quiero decir que se lo trasmitiera a él, sino que al besarle todos los sentimientos y las penas contenidas desaparecieron. No sé si me entendéis.

Luego de ese contacto vino otro más brusco, hasta que acabamos los dos tirados en la hierba, uno encima del otro. Atacándonos con besos apasionados y caricias desesperadas, hasta que acabamos desnudos e hicimos el amor. Allí, en la intemperie, una noche estrellada, con una luna que nos observaba desde el cielo y admiraba cada suave movimiento de nuestros cuerpos. No tenía frío, ni calor, ni sufría por el duro suelo… Todo era perfecto. O a mí me lo parecía.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

18.

-¿Querías algo en particular? –Dijo le pelinegro ignorando a su compañero y acercándose más a mí.

-No, es que estoy allí con aquel chico… -Expliqué señalando a Nick, que seguía acostado en el banco. – Y como me aburría os he venido a saludar porque me habéis parecido interesantes, más que nada...

-Geeeerard… -Insistía el chico que llevaba gafas.

-Toma. –me tendió un papel y un lápiz. –Escríbeme tu número de teléfono y tu dirección. –Sonrió.

Apunté mi número y la dirección del hotel en el papel y sin más preámbulos se fueron.

Nick y yo no hablamos más del tema y ya llevábamos una semana en Londres. Visitamos todo lo que nos pareció: El Big Ben, el museo británico, el parlamento, el Piccadilly Circus, montamos en taxi, en el metro, etc. Y aunque Frank y Mer se empeñaban en dejarnos solos cada dos por tres, ni Nick ni yo nos decidíamos a dar el primer paso, él por timidez, yo porque no sabía qué decir.

Cierto día, cuando ya los dos estábamos a punto de meternos en la cama llamaron a la puerta y yo, extrañada, miré a mi compañero de habitación quien, como era habitual en él, ni se inmutó. Al abrir me encontré con una carta enfrente de la puerta y, sin esperar más, la leí.

Se trataba de una invitación anónima a una fiesta. Al parecer, sería algo como la que, unos meses antes, había organizado Frank, ya que en la carta ponía que llevara a quien quisiera y lo que quisiera. “Una grandiosa fiesta por todo lo alto en la que podrás conocer gente y pasártelo en grande”, como rezaba la invitación. También había una dirección, una fecha y una hora, como es lógico.

-¿Quién es?

-Nadie. Aquí sólo hay una invitación para ir a una “súper fiesta”… ¿Vamos a ir? –Dije cerrando la puerta y entrando.

-¿Cómo que “vamos”? Tú irás si quieres, y yo iré si quiero. –Contestó mi compañero con un tono que se había vuelto habitual durante esta última semana. Parecía desear que le odiara.

-Bueno… Había pensado que iríamos juntos. No sé, la han dejado delante de la puerta y no sabemos para quién es exactamente. Además, dice que podemos llevar a quien queramos y yo…

-Que sí, Reila. Haz lo que quieras. –Me interrumpió. -Yo ya veré qué voy a hacer. Buenas noches. –Y se acostó.

Media hora más tarde yo también me estaba metiendo en la cama y no tardé mucho en quedarme dormida.

Finalmente ambos decidimos ir a la tan nombrada fiesta sólo que cada uno por su lado. Mer y Frank también estaban invitados, y ¿cómo iban ellos a perderse algo como aquello?

Para esta ocasión no pensaba arreglarme tanto como había hecho hacía casi un año, decidí ponerme un pantalón negro ajustado y una camiseta cortada por mí misma con la que se me veían los dos costados. Ni siquiera me molestaría en peinarme y de maquillaje llevaría algo tan básico como la raya negra en los ojos.

Cuando llegamos la fiesta ya había empezado. Poco a poco nos fuimos separando y acabé sentada en la barra del mini bar con una copa en la mano y a punto de llorar. La situación que estaba viviendo con Nick me desesperaba, y pensar en ello hacía que la melancolía arruinara la noche. Yo ya tenía claro y había asumido que me gustaba, que le quería incluso, pero, ¿y él?

Una lágrima amenazaba con revelar mi profunda decepción cuando alguien me tocó el hombro.

-¡Has venido!

Al girarme pude ver que quien me hablaba era el chico que había conocido una semana atrás. Disimulando mi expresión le saludé y empezamos a hablar. Se presentó, ya que la primera vez no había tenido ocasión. Me habló sobre su interés por la música y sobre su futura banda, para la cual no había encontrado un nombre aún.

-¿Y tú novio? –Preguntó al cabo de un rato.

-¿Nick? –me sobresalté. –Él no es mi novio.

-Ah… -Hizo una pausa y sonrió. -¿Bailamos?

-Esta música es inbailable. Además, yo no sé bailar.

-Bah, yo te enseño.

Y sin decir nada más me agarró por un brazo y me arrastró hasta el centro del salón.

Después de 15 minutos haciendo movimientos de cadera sin sentido y con desgana me excusé para ir al baño y refrescarme un poco. Al salir me prohibí a mí misma volver a aquella habitación con Gerard y, como no me encontraba muy bien, preferí salir a la soledad del jardín.

Casi no se veía la luna y sólo la luz que se precipitaba por las ventanas iluminaba el exterior de la casa. Me apoyé en la pared y me dejé caer hasta quedar sentada en la hierba, y una vez allí, sin nadie a mi alrededor, empecé a llorar.

Supongo que el alcohol en vena afectaba a mi estado de ánimo pero, sin duda la culpa de todo aquello era no saber si Nick sentía lo mismo que yo.

Pasé allí sentada, dejando que la suave brisa secara mis lágrimas, alrededor de 20 minutos, entonces dejé caer la cabeza hacia atrás, mirando el cielo estrellado.

-¿Qué haces aquí? –Oí que decía una voz áspera.

Le miré y él me miraba. Nick mantenía su rostro serio y no parecía haber bebido, ni siquiera parecía que estuviera en una fiesta.

-Lo mismo podría preguntar yo. –Me apresuré a ocultar las lágrimas.

-No hay nada que me interese ahí dentro.

-¿Es que no hay ninguna chica que te parezca lo suficientemente buena como para beber por ella?

Los dos guardamos silencio, no mucho tiempo pero sí un silencio profundo y lleno de secretos.

–Pues no. La única chica que merece la pena está aquí fuera llorando.

Mi corazón se aceleró y mis pupilas disminuyeron de tamaño; lo imposible empezó a parecerme posible y viceversa. Me sudaban las manos y ninguna postura parecía cómoda.

-¿Qué? –Pregunté tímidamente.

-No me hagas repetirlo…

-¿Estás seguro de que no has bebido?

-Sí, he bebido… No demasiado, pero te aseguro que si no lo hubiera hecho esto no estaría pasando. -Hizo una pausa y, al ver que no contestaba, dijo: -Reila, esto es una declaración, claramente. Quizá no es el momento ni el lugar, tú tienes el maquillaje corrido por las lágrimas y yo estoy un poco borracho… Pero es algo sincero. Los sueños, esos en los que tú eres la protagonista, no cesan. Y supongo que es cosa del destino… Aunque sé que no crees en eso, porque yo tampoco. Reila, te quiero, ¿vale? Y ten en cuenta que nunca le he dicho un te quiero a nadie. No voy a explicarte el porqué, ni voy a echarte un discurso sobre lo grande que eres, pero te pido que me creas, que entiendas lo que te digo aunque no tenga explicación. Ni siquiera te pido que me quieras, sólo que me creas sin condición.

-Es perfecto. Quiero decir, este lugar y este momento… Quizá no es como en un cuento de hadas, pero esto al menos es real. La gente está ahí dentro pasándoselo bien y tú has preferido estar aquí y decirme esto… Eso significa que te importo tanto como para sacrificar una noche por mí.

No puede ser mejor.

-No es un sacrificio, pasaría cada noche a tu lado si hiciera falta.