El cuerpo del chico que estaba sentado en las escaleras pareció tensarse y se giró lentamente hacia mí. Me echó una rápida mirada y volvió a fijar la vista hacia el frente.
-Hola.
No sabía qué decir… ¿Le preguntaba si estaba bien o le reprochaba lo de la noche anterior?
-¿Os dejo solos? –Preguntó Mer en mi oído.
Asentí. La pelirroja me tendió un papel con su número y se despidió con un ligero contacto en los labios.
-Reila, yo… -Empezó a decir Nick una vez que Mer se había ido.
Me senté a su lado pero en ningún momento permití el mínimo contacto. Evité que me rozara un brazo y me mantuve a una distancia moderada.
-Te odio. –Ya lo había dicho así que podía estar tranquila.
Nick bajó la cara y su pelo no me permitió ver lo que se escondía debajo de él. No sé si lo que había escuchado era una ligera risa o si por el contrario era el sonido que acompaña a una lágrima.
-Lo siento. Lo siento muchísimo. –Dijo con voz queda. –Estaba muy borracho y…
-Ya. ¿Has estado borracho las tantas veces que, según tú, has follado esta semana?
-Sí. No soy capaz de entrarle a una tía si no estoy borracho… Y no soy divertido sino cuando el alcohol me transforma.
No dije nada cuando él me miró y pude ver que sus ojos se habían llenado de lágrimas. No lo entendía… ¿Aquello significaba algo?
-Podías haber llamado. –Dije cortante después de un largo silencio.
-¿Qué?
-Digo que durante esta semana podías haberme llamado aunque sólo fuera una vez. No tenía ni idea de dónde estabas y me empezaba a preocupar.
-¿Qué tal con Ethan?
Una punzada de rencor atacó mi pecho.
-No quiero hablar de eso.
-Es el típico capullo, ¿verdad? De esos que te ponen en un altar y a la primera de cambio te abandonan como a un perro. Que te usan como a una condón de los baratos y te tiran a la papelera porque ya no les sirves para nada. De los que te compran regalos y aparentan estar más enamorados que nunca. Esos tíos que dicen que no pueden parar de pensar en ti y en tu dulce aroma. ¿Me equivoco?
Me había quedado helada. Nunca le había visto hablar tanto y nunca había oído ese tono de enfado en su voz. De cólera.
-¿Estás bien?
-Contesta. ¿Es así o no?
-Sí. –Admití.
-Lo sabía.
-¿Por qué te fuiste del club aquel día? –Pregunté cambiando de tema.
-No me apetecía estar allí. ¿No te dijo Amy que tenía cosas que hacer? Pues ya está.
-¿Qué cosas?
-Cosas. Tenía que ayudar a preparar esta fiesta, por ejemplo. La casa es de un colega y me he estado quedando con él toda la semana. Al tío le encanta la juega y sobre todo a lo bestia, como esta. Somos amigos desde hace muchos años y me lo paso genial con él. –Explicó como si notara que necesitaba saber dónde había estado.
-¿Y por qué no me llamaste? –Volví a sacar el tema.
-No me sentía con ánimos. Estaba cabreado.
-¿Con quién?
-Pues con quién va a ser. En parte contigo, pero sobre todo con Ethan. –Noté un toque de odio al nombrar al que me había llevado hasta la fiesta.
-¿Quieres decir que estabas celoso?
-Nunca he dicho eso.
-Como si lo hubieras dicho. –Le discutí.
-Reila…
-¿Sí? –Pregunté al ver que no decía nada más.
-Tengo que decirte algo.