domingo, 25 de septiembre de 2011

12.

El cuerpo del chico que estaba sentado en las escaleras pareció tensarse y se giró lentamente hacia mí. Me echó una rápida mirada y volvió a fijar la vista hacia el frente.

-Hola.

No sabía qué decir… ¿Le preguntaba si estaba bien o le reprochaba lo de la noche anterior?

-¿Os dejo solos? –Preguntó Mer en mi oído.

Asentí. La pelirroja me tendió un papel con su número y se despidió con un ligero contacto en los labios.

-Reila, yo… -Empezó a decir Nick una vez que Mer se había ido.

Me senté a su lado pero en ningún momento permití el mínimo contacto. Evité que me rozara un brazo y me mantuve a una distancia moderada.

-Te odio. –Ya lo había dicho así que podía estar tranquila.

Nick bajó la cara y su pelo no me permitió ver lo que se escondía debajo de él. No sé si lo que había escuchado era una ligera risa o si por el contrario era el sonido que acompaña a una lágrima.

-Lo siento. Lo siento muchísimo. –Dijo con voz queda. –Estaba muy borracho y…

-Ya. ¿Has estado borracho las tantas veces que, según tú, has follado esta semana?

-Sí. No soy capaz de entrarle a una tía si no estoy borracho… Y no soy divertido sino cuando el alcohol me transforma.

No dije nada cuando él me miró y pude ver que sus ojos se habían llenado de lágrimas. No lo entendía… ¿Aquello significaba algo?

-Podías haber llamado. –Dije cortante después de un largo silencio.

-¿Qué?

-Digo que durante esta semana podías haberme llamado aunque sólo fuera una vez. No tenía ni idea de dónde estabas y me empezaba a preocupar.

-¿Qué tal con Ethan?

Una punzada de rencor atacó mi pecho.

-No quiero hablar de eso.

-Es el típico capullo, ¿verdad? De esos que te ponen en un altar y a la primera de cambio te abandonan como a un perro. Que te usan como a una condón de los baratos y te tiran a la papelera porque ya no les sirves para nada. De los que te compran regalos y aparentan estar más enamorados que nunca. Esos tíos que dicen que no pueden parar de pensar en ti y en tu dulce aroma. ¿Me equivoco?

Me había quedado helada. Nunca le había visto hablar tanto y nunca había oído ese tono de enfado en su voz. De cólera.

-¿Estás bien?

-Contesta. ¿Es así o no?

-Sí. –Admití.

-Lo sabía.

-¿Por qué te fuiste del club aquel día? –Pregunté cambiando de tema.

-No me apetecía estar allí. ¿No te dijo Amy que tenía cosas que hacer? Pues ya está.

-¿Qué cosas?

-Cosas. Tenía que ayudar a preparar esta fiesta, por ejemplo. La casa es de un colega y me he estado quedando con él toda la semana. Al tío le encanta la juega y sobre todo a lo bestia, como esta. Somos amigos desde hace muchos años y me lo paso genial con él. –Explicó como si notara que necesitaba saber dónde había estado.

-¿Y por qué no me llamaste? –Volví a sacar el tema.

-No me sentía con ánimos. Estaba cabreado.

-¿Con quién?

-Pues con quién va a ser. En parte contigo, pero sobre todo con Ethan. –Noté un toque de odio al nombrar al que me había llevado hasta la fiesta.

-¿Quieres decir que estabas celoso?

-Nunca he dicho eso.

-Como si lo hubieras dicho. –Le discutí.

-Reila…

-¿Sí? –Pregunté al ver que no decía nada más.

-Tengo que decirte algo.

martes, 20 de septiembre de 2011

11.

Abrí los ojos y una punzada de dolor me atacó la frente. Me senté en la cama soportando el terrible dolor de cabeza, consecuencia de la resaca, y vi cómo Mer aún dormía a mi lado. Estaba desnuda y sólo cubierta por una fina sábana que marcaba su contorno en el colchón. Quise acariciarla, besarla y enredar mis manos en su pelo, pero me arriesgaba a que se despertara y se veía muy bella mientras dormía. La paz inundaba su rostro, el cual estaba orientado hacia mí.

Miré el reloj: Las nueve de la mañana. Me levanté, y cogí mi ropa. Entré en el baño de la habitación, dispuesta a tomar un baño para calmar el dolor que torturaba a mi cuerpo. Una vez dentro de la ducha me enjaboné y entonces Mer entró conmigo.

-¿Qué haces?

-Hay que ahorrar agua. –Dijo giñándome un ojo.

Entonces me quitó la esponja y empezó a pasármela por todo el cuerpo suave y sensualmente. Una vez tuve espuma de sobra en el cuerpo empezó a utilizar las manos, sobándome los pechos desde detrás y pegando su cuerpo al mío. No pude evitar gemir y ella se acercó a mi oído.

-¿Te gusta? –Pregunto en respuesta a mi respiración agitada.

-Mmmm.

-Pues ahora quítate el jabón que vamos a ver cómo ha quedado la casa después de la fiesta de anoche. –Dijo quitándole todo atisbo de sensualidad a su voz y separándose de mí.

Se duchó rápidamente, aprovechando el jabón que había pasado de mi cuerpo al suyo durante los frotamientos. Yo no paraba de mirarle, en parte por lo increíble que me parecía lo que acababa de hacerme (dejarme con el calentón del siglo), y en parte porque era muy sexy la forma en que el agua resbalaba por la curva de su cintura.

Al final iba a resultar que yo también era bisexual…

Mer se fue y terminé de ducharme. Me puse el vestido y salimos.

Fuera de la habitación todo era una ruina. Decenas de personas dormían tiradas en el suelo, entre vasos y botellas, y aún con lo que estuvieran bebiendo en la mano. Si no a todos, a la mayoría de las personas que había por allí les faltaba alguna prenda, ya fueran los zapatos o lo básico, hasta el punto de encontrarse en ropa interior.

Después de echar un ojo por la parte alta y “no ver nada nuevo en una fiesta”, según Mer, que mientras caminábamos me contaba a los miles de fiestas a las que había ido, bajamos y un tanto de lo mismo. Por un momento me quedé mirando a un punto fijo y mi acompañante adivinó que había visto a Ethan, así que tiró de mi brazo para que la siguiera.

-Olvídale. –Me dijo.

-Estaba…

-¿Con la misma de anoche? Olvídalo. No te merece. Seguro que no sabe qué hacer con una mujer como tú en la cama. –Me miró y sonrió. No pude evitar ruborizarme.

Recorrimos la parte baja y no pude evitar reír cuando encontramos a una pareja que se había quedado dormida dándole al tema. Pocas personas seguían en pie y la música estaba apagada. La luz matutina nos cruzaba la cara y el olor que inundaba la estancia era repulsivo, así que decidimos salir a tomar el aire.

En las escaleras del porche había un chico sentado, sólo y en silencio. No parecía borracho así que supuse que se le habrían pasado los efectos del alcohol a lo largo de la noche.

La verdad es que aquel pelo negro e imposible de despeinar me resultaba familiar.

-¿Nick? –Pregunté a la silueta que me daba la espalda.

viernes, 16 de septiembre de 2011

10.

-Oh, muchas gracias. –Dije bajando el rostro y notando cómo mis mejillas se llenaban de color.

Ella también era muy guapa, pero no se lo dije.

-Y me gusta tu vestido. Te queda de muerte.

-Me lo ha regalado… Me lo han regalado. –Sentencié.

-Ha sido él, ¿verdad? –No me dejó contestar. –Si te lo quitaras quizá te sentirías mejor. –La mire asombrada.

-No me puedo creer que quieras aprovecharte de que estoy mal para acostarte conmigo. –La acusé con desprecio.

-Esto es una fiesta. –Sacó una cajetilla de tabaco del bolsillo de su chaqueta de cuero. -¿Quieres? –Negué con la cabeza. –Las fiestas están para pasárselo bien y para acostarse con personas a las que no verás jamás. No puedes estar mal en una fiesta y, ¿qué mejor cura para el mal de amores que el sexo con un desconocido?

-¿Qué insinúas?

-Ag, Reila. No insinúo nada. Te lo estoy diciendo bien claro: Me gustas, estás muy buena.

-Paso. No me van las tías. –Dije mirando hacia otro lado.

-Ah, ¿no? Dímelo a la cara. Venga, mírame a los ojos y dime que no te pongo.

Me giré hacia ella.

-No me…

No pude terminar la frase. Cuando quise darme cuenta su boca estaba sobre la mía y nuestras lenguas se entrelazaban en un interminable beso. No forcejeé, sólo me dejé llevar.

-¿Qué haces? –Dije cuando se separó de mí.

-¿Te ha gustado?

No pude contestar. Me quedé mirándole fijamente. A los labios, a los ojos; otra vez a los labios. Hasta que no pude más… Aquel beso me supo como un chorro de agua en medio de un desierto, como si fuera el primero y más necesitado.

Me abalancé y quedamos las dos tendidas en el suelo, yo encima de ella; ella debajo de mí. La unión de nuestras bocas era perfecta, dando lugar a un segundo beso en el que participaban las dos partes.

Me separé de ella, pero sus manos seguían en mi cintura.

-Tú ganas. –Dije mientras me levantaba.

Mer me cogió de la muñeca y volvimos a entrar en la casa. Subimos las escaleras y entramos en la primera habitación que encontramos libre.

-Doy por sabido que es tu primera vez con una tía. Un consejo: Déjate llevar. –Me tranquilizó giñándome un ojo mientras me empujaba y yo caía sobre la cama.

Mer se quitó la camiseta negra que llevaba.

-No, espera. –Dijo al ver que intentaba quitarme el vestido. –Quiero hacerlo yo.

Me acosté boca abajo y ella se sentó en mi trasero, poniendo una rodilla a cada lado de mi trasero. Mordió en cierre de la cremallera y empezó a bajar, abriendo así el vestido con los dientes.

Por mis venas corría una mezcla de inseguridad y nerviosismo, a pesar de que me esforzaba por hacer caso al consejo de mi amante.

Me senté en la cama y, una vez Mer estuvo de pie le bajé la falda de un tirón.

-He traído esto. –Dijo sacando sabe Dios de dónde una botella de Jack Daniel’s.

¿Cuándo coño la había cogido? Bah, no importaba mucho. Se la arrebaté de las manos y di y largo trago. Luego sacudí la cabeza e intentando no decepcionar a Mer, que debía ser una veterana, rajé sus medias con los dientes y le quité la ropa interior.

-Grrrrr. –Gruñó.

Empujó mis hombros y me volvió a acostar, pero esta vez ella reposaba encima de mí y podía sentir cómo sus pechos rozaban mi cuerpo, y cómo el aire salí de su nariz, al tiempo que me besaba el cuello y mordía mi oreja derecha. Gemí y ella me desabrochó el sujetador en respuesta.

Luego fue bajando y poco a poco mi cuerpo se convirtió en un campo de besos marcados por carmín rojo que sufría ligeros espasmos de placer. Llegó al punto clave, el símbolo de la feminidad, y paró. Me miró, me dedicó una sonrisa traviesa llena de placer y hundió su cabeza entre mis piernas. Un calor insoportable inundó mi cuerpo y noté cómo abría la boca y gritaba de placer, llevando mis manos a la cabeza de Mer para que no parase.

En ese momento casi ni recordaba mi nombre, ni por qué estaba allí. No conocía a los dos chicos que me habían hecho llorar ni mucho menos a las chicas que estaban con ellos. Sólo sentía cómo la lengua de Mer se fundía de placer en aquella zona de mi cuerpo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

9.

-¡Hey, Reila! –Estaba borracho, se veía a la legua. -¿Te unes a nosotros?

Los dos rieron de forma enfermiza.

-¿Dónde coño te has metido? –Pregunté enfadada. –Quiero decir… Me alegro de que estés bien pero he de admitir que estaba un poco preocupada. Te fuiste del club así como así y no te he visto más hasta ahora. –Se me había bajado el alcohol a los tobillos. Había vuelto a estar sobria de un momento a otro.

-Bah, el dueño de la casa es colega mío. Le he ayudado a organizar todo esto. ¿A que es una pasada? Joder, Reila. Esta semana he follado como un cabrón –Rió otra vez y la chica que estaba a su espalda tiró de sus calzoncillos para que entrara en la habitación.

-¿Puedes dejarme hablar con él un momento? –Le dije como si Nick me perteneciera, como si fuera mejor que ella. Cabreada, vamos.

-Bah, no seas corta rollos, tía. –Dijo Nick dejándose arrastrar. –No me jodas el polvo. Si no vas a ayudar, lárgate. –Y entró en la habitación.

Me quedé allí de pie, escuchando las risas a través de la puerta, sin moverme. Mis ojos se llenaron de lágrimas y sentí cómo poco a poco iban cayendo una a una por mi rostro. Tuve que ahogar varios gemidos. ¿Aquel era el verdadero Nick? ¿Así era cuando estaba en confianza o era todo fruto del alcohol?

No podía soportar seguir allí parada, oyendo lo bien que se lo pasaban los dos. No estaba celosa, sólo dolida. Dolida por la forma en que me había tratado Nick… ¿O quizá si estaba celosa? Absurdo.

Empecé a bajar por las escaleras y me di cuenta de que cada vez bajaba más rápido de forma inconsciente. Llegué abajo y empecé a buscar a Ethan con la mirada. Quería irme y estar un rato abrazada a él, más por apoyo moral que porque fuera realmente él. Quiero decir, me daría igual si el que me consolaba era el mismísimo presidente de los Estados Unidos, sólo quería que alguien me abrazara. Cualquier persona.

Por fin, después de tener que quitarme a varios babosos de encima, vi su inconfundible camiseta roja. Parecía tener la frente apoyada contra la pared. Me acerqué más a él.

-Oh, Ethan, por fin te encuentro… -Dije procurando que s me oyera por encima de la música.

Se giró y pude ver que no estaba apoyado en la pared sino que se estaba magreando de lo lindo con otra tía.

-¿Pero qué coño…? –Le di un tortazo al cabrón mentiroso que me había llevado a esa fiesta y me dirigí a la puerta de la calle.

-Reila, espera. –Le oí gritar a mis espaldas antes de salir por la puerta.

Pero mucho no debió importarle porque ni siquiera salió a buscarme. Me dejó llorar sola en el porche, sentada en las escaleras.

-¿Puedo sentarme? –Oí una voz femenina a mi espala.

Solté un gemido que ella debió interpretar como un si porque se sentó de inmediato.

-Bonita noche, ¿verdad? –Preguntó alegre.

-¿Qué coño haces aquí en lugar de estar ahí dentro pasándolo bien?

-Llámame cotilla si quieres pero he visto lo que ha pasado con el que supongo que es tu chico y…

-Era mi chico. –Le interrumpí.

-Bueno que me sabía mal estar pasándomelo bien cuando tú estás aquí sola llorando.

Levanté el rostro y sequé mis lágrimas.

-A ver. -dijo la chica girando mi rostro para quedar cara a cara. –Tienes la cara llena de maquillaje.

Sacó unas toallitas de su bolso y con sumo cuidado limpió mis mejillas. Entonces pude ver su larga melena roja y sus enormes ojos verdes. Llevaba un aro en el orificio derecho de la nariz y sus labios eran tan finos que resultaban frágiles.

-Me llamo Mer. –Dijo pasando la toallita por mi rostro por última vez.

-Gracias. Yo soy Reila.

-Los hombres son unos cabrones… Pero tienen su punto. Sin embargo las mujeres son mucho más hermosas y entienden mejor los sentimientos. En general, quiero decir. De todas manera no puedo evitar sentirme atraída por el género opuesto.

-¿He de suponer que eres bi? –Pregunté sin mucho interés.

-Sí, supongo.

Hubo un largo silencio. Largo pero agradable, cada una estaba en su mundo. Mirando al cielo estrellado me puse a pensar en que tenía razón y en Nick.

-Eres muy guapa. –Comentó Mer rompiendo el silencio. –Muy, muy guapa.

8.

Me pasé una semana sin ver a Nick. No tenía ni idea de dónde estaba, no me cogía el teléfono ni contestaba a mis mensajes. Estaba preocupada, pero no porque le quisiera ni nada de eso, sólo que vivíamos juntos y en cierto modo me sentía responsable de cuidar de él.

Ethan me llamó al día siguiente, como había prometido. Estuve media semana en la calle y la otra mitad en la cama, con él. Siempre con él… Incluso se quedó a dormir en casa un par de días. Ahí fue cuando se enteró de que vivía con Nick y noté que se había puesto bastante celoso y a la vez contento de que estuviera desaparecido. En ese momento lo odié, más por instinto que por sentimiento… Supongo. No paraba de hablar de la fiesta “tan guay” a la que íbamos a ir el sábado. Que si iban a ir cientos de personas, que si la bebida iba a ser buena, que si no sé qué de la música… En esos momentos yo aprovechaba para desconectar y me preguntaba cómo y dónde estaría Nick. No es que no quisiera ir a la fiesta, sólo que no me hacía tanta ilusión como a él.

Cuando caminábamos por la ciudad no paraba de mirar disimuladamente en todas direcciones, con la esperanza de cruzarme con Nick. Sólo para saber que estaba bien, nada más. Quería a Ethan pero él no estaba desaparecido, no tenía que sentir preocupación por él y por eso no me sentía culpable de pensar en Nick en algunas ocasiones.

Llegó el fin de semana. Me preparé y al mirarme en el espejo noté cómo una sonrisa aparecía en mis labios. El vestido que me había regalado Ethan me quedaba francamente bien y los tacones le daban un aire más sexy aún al conjunto. No me esforcé nada con el pelo, lo llevaba igual que siempre: Mi melena, que había decidido teñir de castaño claro (mi color natural), caída sobre los hombros. Y el maquillaje era el de siempre: negro para los ojos y un leve tono rojo en los labios. Me di la vuelta para ver la cremallera que recorría mi cuerpo de arriba abajo y sonreí satisfecha. Después de ponerme un par de pulseras estaba lista. No tenía miedo a desentonar ya que Ethan me había dicho que la fiesta rollo rockero así que podría ser yo misma.

Esperé y cuando Ethan aparcó, se bajó del coche y tocó el timbre le abrí la puerta.

-Madre del amor hermoso. –Dijo suavemente.

-¿Te gusta?

-¿Qué si me gusta? Mataría dragones por ti, nena. –Me agarró por la cintura y me besó.

-Qué cursi eres. –Me burlé.

-¿Prefieres que te diga “Dios mío de mi alma, qué buena estás. Podría arrancarte el vestido a mordiscos y follarte aquí mismo.”? Porque es lo que pienso.

-Venga, vámonos. –Dije riendo.

Le arrastré hasta el coche y nos fuimos.

Cuando llegamos a calle en la que era la fiesta (una en la que no había estado nunca) entendí la excitación de Ethan. Realmente era una fiesta por todo lo alto. Los cientos de coches ocupaban todos los aparcamientos a lo largo de la calle y parte de otra, y la música se oía desde bastante lejos.

-Dios… -Susurré impactada.

-Mola, ¿eh?

Una vez conseguimos encontrar un aparcamiento tuvimos que caminar bastante para llegar a la casa y luego tocamos el timbre. Nos abrió una chica no demasiado guapa, supongo que la que más cerca estaba de la puerta porque más tarde supe que no era la dueña de la casa ni de la fiesta.

-¡Hey! –Saludó. Y Ethan y yo entramos.

Nos servimos unas copas y Ethan empezó a presentarme a un montón de gente que no recuerdo. Después de unos cuantos rones fui animándome y empecé a bailar. Ethan no se separaba de mí ni un momento y tampoco su entrepierna de mi cadera. Entre que ya estaba medio pedo y que el roce no cesaba me puse bastante caliente.

-Te espero en el baño de arriba.

Ethan dio un trago a la copa.

-Subo en un segundo. No te vayas, eh.

Subí lentamente cada peldaño de la escalera, contoneándome sin saber si quiera si Ethan seguía mirándome. No tenía ni idea de dónde estaba el baño, algo estúpido por mi parte así que fui probando en todas las puertas, que no eran pocas ya que la casa era enorme. Os aseguro que vi de todo, desde un tío masturbándose hasta una orgía de cinco personas y nadie se dio cuenta de que había abierto la puerta, el alcohol en sangre y los gemidos hacían que yo pasara desapercibida. De repente, mientras avanzaba por el pasillo una puerta se abrió y un chico en calzoncillo salió con una almohada en la mano seguido de una chica que sólo llevaba la parte de abajo del conjunto de ropa interior. Los dos reían a carcajadas y pude ver cómo en un momento el chico le metía mano a la chica y ella le besaba apasionadamente. Decidí pasar por su lado e ignorarlos, yo iba a lo que iba.

Entonces, mientras pasaba por detrás del chico su acompañante le empujó y chocamos. Me miró.

-¿Nick? –Pregunté estupefacta.

lunes, 12 de septiembre de 2011

7.

-Joder, hoy pareces una loba –Comentó Ethan con lasciva mientras se subía los pantalones.

-Gracias, campeón –Le respondí mirándole de reojo y con una medio sonrisa.

Salí del baño y vi que faltaba alguien.

-¿Dónde está Nick?

-Se ha ido. –Contestó Amy –Dijo que tenía algo que hacer.

-¿El qué? –Pregunté entre la extrañeza y la preocupación.

-Yo qué sé.

Empecé a caminar en dirección a las escaleras cuando Ethan me detuvo.

-¿Adónde vas? –Preguntó sujetándome del brazo.

-A buscar a Nick.

-¿Por qué? –Sus preguntas eran serias y tajantes.

Lo pensé. ¿Por qué? Si tenía cosas que hacer ya lo vería más tarde… Y tampoco tenía que importarme mucho lo que hiciera con su vida, sólo le estaba prestando mi casa una temporada.

-Anda, ven que tengo un regalo para ti. –Dijo sonriente al ver que no contestaba.

Entonces me llevó a su coche y de allí sacó una caja. Lo miré y asintió, abrí el paquete y vi que en el interior descansaba un corto y, a juzgar por el tamaño, estrecho vestido negro. Se me iluminó el rostro. Era precioso. No tenía muchos detalles, era todo negro, de tirantes y una cremallera plateada lo recorría de arriba abajo por la parte de atrás.

-Oh, dios. Me encanta Ethan, joder. No tenía que haberte molestado, seguro que te ha costado un ojo de la cara. –Me abalancé hacia él y le cubrí el rostro de besos.

-Espera, aún hay más. Un vestido como ese no puede llevarse con cualquier zapato.

Sacó otra caja del coche y al abrirla encontré unos tacones de aguja negros y relucientes. Demasiado altos para mí, pero me parecieron perfectos, a pesar de todo.

-¿Y cuándo esperas que me ponga esto?

-Pues en la fiesta de éste sábado.

-¿Qué fiesta? –Le miré extrañada.

-Un colega me ha invitado a una fiesta en casa de un chico que al parecer quiere montar una juerga descomunal. No conozco al chico en cuestión pero mi colega dice que cuanta más gente mejor y bueno, me gustaría que vinieras conmigo. Me gustaría mucho, en realidad. –Sus ojos estaban llenos de dulzura.

-Ethan, ya sabes que a mí las fiestas…

-Te va a encantar, en serio. Haré que te lo pases genial. Tienes que ir a una buena fiesta, y me consta que esta lo será. –Me interrumpió.

Me cogió de las manos y las movió como si fuéramos dos enamorados. Miré hacia abajo, pensé un momento y volví a levantar la cabeza.

-De acuerdo. No pierdo nada y tienes razón, tengo que ir a una buena fiesta.

Nos besamos. Pero no fue como en el baño momentos antes, no sólo era pasión, pude notar mariposas de esas en el estómago y la ternura aflorando de mis labios.

-Chicos, vamos a tonar algo ¿Os venís? –Gritó Larry unos cuantos metros más atrás.

-Claro. –Dijo Ethan cuando nos separamos.

Fuimos a la cafetería de siempre y mientras George, el chico más sonriente de la pandilla, imitaba a una morsa con dos patatas fritas en la boca, yo no dejaba de mirar lo feliz que parecía Ethan.

Después de pasar todo el día de allá para acá por toda la ciudad, de reírnos con las payasadas de George y de muchos arrumacos con Ethan éste se ofreció a llevarme a casa.

Una vez en el coche puse algo de música.

-Bueno, supongo que ya es oficial, ¿no? –Preguntó Ethan bajando el volumen del radio casete.

-¿Qué?

-Lo nuestro. ¿Es oficial? –Me miró durante dos segundos para volver a fijar la vista en la carretera.

¿Una pareja? ¿Una pareja de verdad?

-No lo es ¿verdad? –Parecía decepcionado.

-No he dicho eso.

-El que calla otorga. Reila, llevamos un año así y nunca te lo he dicho pero te quiero. Para mí no eres un simple cacho de carne al que tirarme cuando me dé la gana. Y no deberías serlo para nadie. Si no quieres nada serio conmigo lo entenderé, pero ahí dejo la propuesta. Y te lo repito: Te quiero. –No me miró en ningún momento.

El resto del camino lo pasamos en silencio y cuando llegamos a mi casa me bajé del coche sin decir nada, fui hasta su ventanilla y le di el beso más largo que nunca le había dado.

-Si, Ethan. –Dije sonriente.

Por un momento pareció no entenderlo pero luego su rostro se iluminó y volvió a besarme.

-Te llamaré mañana. –Dijo mientras subía la radio y se iba a toda leche por l carretera.

Una vez dentro de casa todo me pareció muy precipitado. Quizá últimamente me estaba dejando llevar demasiado… Pero bueno, no tenía nada que perder y Ethan era un chico increíble. Me gustaba, la verdad.

Subí a la parte alta y me percaté de que Nick no estaba en casa a pesar de ser ya las diez de la noche. No sabía si llamarlo… ¿Sería psicópata? Dijo que tenía que hacer unas cosas… Pero ya era muy tarde así que le llamé. Tres veces, para ser exactos. No me lo cogió ni una sola vez. “Yo no soy su madre para estar pendiente de a qué hora llega a casa. Ya es mayorcito.” me dije.

Me duché, vi un poco la tele y me acosté.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, Nick no había llegado aún. Eso o se había ido a primera hora de la mañana.

domingo, 4 de septiembre de 2011

6.

-Buenas noches. –Dijo finalmente tras un largo silencio y un suspiro por su parte.

Pero lo dijo como si se rindiera.

-Adiós.

Conseguí dormir después de muchas vueltas en la cama y de tener que quitarme miles de veces a Nick de la cabeza. Cuando desperté tenía un dolor de cabeza y estaba extrañamente hambrienta. Bajé a la cocina y me encontré a Nick friendo beicon y preparando zumo de naranja.

-Espero que tengas hambre –Sonrío.

“¿Qué? Pero si ayer apenas me hablabas… Y mucho menos me sonreías de esa manera. Con ese brillo en la mirada y esas arrugas tan tiernas que se te forman en el borde de los ojos. ¿Pero qué coño dices, Reila? Céntrate.”

-¿Sigues dormida o qué? –Preguntó Nick aún sonriendo.

-Eh, no… Y si, la verdad es que tengo algo de hambre.

Nick me puso un plato delante. No sólo había hecho beicon y zumo, al parecer había preparado tostadas y huevos fritos.

-¿Pretendes que me coma todo esto? –Pregunté arqueando las cejas.

-He visto que estás algo delgada… Come, te va a gustar.

“Bien, se ha fijado en mí.”

-Estás contento esta mañana… O eso me parece. ¿A qué se debe? –Pregunté un poco dubitativa.

-Oh, esta noche no he soñado. Suelo encontrarme mejor cuando no sueño.

-Pues me alegro.

-Esto, Reila… He pensado que quizá podríamos dar un paseo esta tarde… Ya sabes, el otro día sólo tuvimos tiempo de ir de tienda en tienda y podrías enseñarme la ciudad. Un poco, aunque fuera.

-Ah, claro. No hay problema.

Terminé de desayunar un poco ruborizada porque Nick no dejaba de mirar cómo comía y me vestí. Tejanos, sudadera negra sin nada debajo y gorro de lana.

Salimos de casa y nos dirigimos al primer lugar que creí que Nick debería ver.

-Estos son los recreativos. Aquí vengo cuando me aburro demasiado como para no encontrar nada mejor que hacer… No me gusta mucho este sitio pero se pasa el rato.

-¿Jugamos un billar? –Ofreció ignorando mi comentario.

-¿Dos personas?

-¿Con quién sueles jugar cuando vienes sola?

-¿Quién te dice que juego al billar? –Fruncí el ceño.

-Intuición. -dijo serio.

-Pues juego con los chicos que haya… Como puedes ver por aquí no abundan las chicas. Pero si es verdad que normalmente juego con una pandilla que siempre está por aquí. –Eché una ojeada por el local. –Son aquellos.

Nick se dio la vuelta y pudo ver a un grupo de cuatro chicos y una chica.

-¿Ves ese rubio alto? –Mi acompañante asintió. –Pues se puede decir que he intimado bastante con él. No me gusta mucho relacionarme con la gente pero tengo mis necesidades… -reí.

Nick no dejaba de mirarle.

-¡Ethan! –Grité y le hice un gesto para que viniera y se trajera a los demás.

-Hola, guapa. –Me saludó con dos besos y agarrándome de la cintura cuando llegó.

Sus ojos verdes se clavaron en los de Nick.

-Ethan, este es Nick. Nick, este es Ethan. –Les presenté con indiferencia mientras iba a saludar a los demás con unos simples choques de manos.

Oí cómo intercambiaban algunas palabras pero no las escuché.

-Bueno, ¿empezamos la partida? –Preguntó Larry, un tío de la pandilla.

-Claro. Por parejas. –Se apresuró a decir Ethan. –Tú conmigo, Reila.

Los demás hicieron las parejas correspondientes y a Nick le tocó con Amy, la única chica de la pandilla. Supongo que por petición de ella, siempre quería que los nuevos se sintieran como en casa y era muy simpática. No pude evitar sentirme un poco celosa “¿No podía haber sido cualquier otro? Tenía que ser Amy.” Ella era muy guapa, eso estaba claro. Podría llevarse a la cama al chico que quisiera.

-Que saque la pareja de Larry. –Se notaba que Ethan era el cabecilla del grupo. Supongo que por eso estaba de royo con él y no con cualquier otro… Él había marcado territorio desde el principio.

Estuvimos jugando un rato y pude ver que Nick no prestaba mucha atención al juego, tenía la mirada fija en Ethan y en mí. Porque la verdad era que Ethan se estaba pasando con las celebraciones, que si un abrazo, un beso, una suave nalgada… Y no es que no me gustara, que la verdad es que me encantaba. Pero con Nick mirándonos con cara de asesino pues me sentía un poco incómoda.

He de decir que a pesar de que Nick no estaba prestando demasiada atención a la partida, lo estaba haciendo genial. Al parecer se le daba genial…

Me tocaba tirar.

-Espera, tienes el palo mal colocado. –Dijo Ethan acercándose a mí y apoyando su pecho en mi espalda para corregir la posición de mis brazos.

Noté cómo su entrepierna encajaba perfectamente con la curva de mi trasero y no pude evitar menearme un poco. Me estaba provocando y él y yo sabíamos cómo acababan las cosas cuando se ponía así.

Tiré. Fue un tiro perfecto, conseguí meter tres bolas y Ethan besó mi mejilla para celebrarlo.

-Genial, nena.

Nick dijo algo al oído de Amy, y aunque intentó hacerlo de forma discreta le vi. Amy negó con la cabeza y los dos rieron a unísono. Un estúpido ataque de celos me recorrió por dentro, besé apasionadamente a Ethan y le agarré de la camiseta.

Nos metimos en los baños y me aseguré de que nuestros gemidos se oyeran desde fuera. De que Nick los oyera. No esperaba ninguna reacción por su parte pero tampoco esperaba que se quedara de brazos cruzados.