sábado, 3 de diciembre de 2011

21.

No supe nada de Nick hasta llevar tres días desaparecido. Después de haberle llamado miles de veces sin obtener respuesta, decidí hablar con Frank y Mer. Ya sé que podría haberlo hecho antes, pero contarles que Nick se había ido muy enfadado de casa requería una explicación, y si les contábamos a los chicos algo sobre lo nuestro, quería que fuéramos los dos juntos. Sin embargo, no soportaba la idea de no saber dónde ni cómo estaba el pelinegro.

-¿Nick? Sí, está en casa. No sé qué habrá pasado, pero está muy cabreado, eh. –Me contó Frank sin pedirme explicaciones, como yo esperaba.

-¿Crees que podría ir a verle?

-Claro. –Me lanzó las llaves de su casa. – Por intentarlo. Te digo, a mí apenas me habla, pero bueno, eres tú…

Sin terminar de entender lo último, me apresuré a buscar un taxi.

-¡Hey! Reila, que te presto el coche. –Oí que gritaba Mer.

Me paré en seco, sopesé la idea y rápidamente volví con los chicos, cogí las llaves del coche y me fui hasta él. Tenía que llegar cuanto antes, pero al parecer el tráfico estaba en contra… Esto me dio tiempo a pensar lo que le diría cuando le viera. Aún así nada de lo que podía decir me pareció apropiado y cuando llegué estuve alrededor de una hora en la puerta de la casa de Frank, sin decidirme a entrar. Mis temores más estúpidos sobrevolaban por encima de mi cabeza, y mientras el viento movía mi negra melena yo me imaginaba a Nick con otra mejor que yo, abandonándome por ser tan estúpida.

En un acto inconsciente empecé a llorar justo antes de que en frente de mí se abriera la puerta principal para que apareciera allí, como un ser divino, aquel chico de ojos azules. Nick se quedó paralizado y pude mirarle a la cara. Entonces me di cuenta de que volvía a tener esas ojeras que indicaban su falta de sueño, iguales a las que se podían ver cuando le conocí.

-Reila… -Dijo despacio, indeciso.

Más tarde me contó que en aquel momento no sabía qué hacer, si arrastrarse y pedir perdón porque no podía vivir sin mí o si mantener el orgullo en alto y esperar a que fuera yo la que me arrastrara.

Me miró, esperando a que dijera algo. Le miré, observando sus tistes ojos. Y como si nos hubiésemos leído la mente nos abalanzamos uno sobre el otro, sellando el contacto con un desesperado beso.

Perdió el control de sus manos, perdí el control de mi lengua, y en un torpe movimiento Nick me hizo entrar en la casa sin soltarme en ningún momento, cerrando luego la puerta, en la que bruscamente me dejó caer. Su cuerpo ejerció una fuerte presión sobre el mío y pude notar sus músculos tensos rozarse por mi silueta. Poco a poco fuimos desnudándonos, el uno al otro, sin dejar de besarnos lujuriosamente.

-Arriba. –Susurró con la respiración entre cortada antes de pasar su brazo por debajo de mis piernas y elevarme del suelo. Antes de subirme a la planta alta y dejarme suavemente en la cama de matrimonio de la habitación de Frank. Antes de dejar toda nuestra ropa en la parte baja.

-Lo siento por… -Intenté disculparme casi sin voz.

-Shh, ya habrá tiempo para eso. –Me interrumpió.

Y se acostó sobre mí, poniendo toda nuestra piel en contacto. Mientras me besaba su mano empezó a masajear mi húmedo sexo y unos segundos más tarde yo me decidí a hacer lo mismo en su cuerpo. Poco a poco sus labios se fueron trasladando a lo largo de mi cuello para luego pasar a mis senos y, más tarde, a mi liso vientre, jugueteando con mi ombligo. A todas estas yo no paraba de producir sonidos lascivos y gemidos que invitaban a tomar mi cuerpo.

Sin poder aguantar más, hice que giráramos sobre nosotros mismos, quedando yo encima de Nick. Recogiendo mi larga melena en una sola mano y apoyando la otra sobre el vientre de mi amante comencé a mover la cadera en círculos sensualmente, mientras Nick masajeaba mis pequeños pechos. Aquello se había convertido en una ópera sexual, y nosotros éramos el dúo de voces.

-Re-reila, p-por favor… -Suplicó jadeante.

Entonces, colando una mano por debajo de mí conseguí colocar su duro y mojado miembro en vertical y así poder ser penetrada. Al principio me movía despacio y suavemente, haciendo que Nick estallara de placer; sin embargo mis movimientos se tornaron bruscos y, con una velocidad inimaginable, empecé a cabalgar sobre el pelinegro. Arriba, abajo, arriba, abajo… Y mis pechos bailaban al ritmo de las estacadas.

Los gritos podían haberse oído en todo el barrio, bien lo sabía yo, pero nunca nos comentaron nada…

Un incesante fuego prendía hasta mis ideas más profundas, y apenas podía abrir los ojos del placer que aquel chico me estaba proporcionando.

-M-me vengo-o… -Oí que decía a duras penas.

Y, efectivamente, segundos después un líquido caliente me llenaba por dentro y Nick dejaba de forzar mis movimientos. Me dejé caer y, después de posar un tierno beso sobre sus labios, apoyé la cabeza en su pecho. Él posó sus manos en mi cintura.

-Te quiero, Reila. Y siento la escenita del… -Empezó a disculparse.

-Shh, ya habrá tiempo para eso. –Le interrumpí como había hecho él anteriormente.

Cuando ya llevábamos allí quince minutos, disfrutando del ambiente que había quedado y aprovechando el calor que desprendían nuestros cuerpos, sonó el timbre, para posteriormente dar lugar al sonido de una puerta abriéndose.

1 comentario:

  1. Oh Santo Cielo...
    No me esperaba una escena así, la verdad. Fue tan asdasdasdasd.
    Nunca he creído que fuese la mejor forma de solucionar algo pero bueno... Tal vez a ellos les funcione xD
    Pero... te has dado cuenta de que los has puesto a follar sin condón?!? (si, imagino que si, pero debía destacar eso ._.)
    Y quien osa interrumpir el bonito momento, a ver¿?
    Poco más que añadir.
    Solo que no me hagas sufrir con tanta espera, por favor :3

    PD: No he podido aguantar a terminar las prácticas para leerlo xDDD

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