A la mañana siguiente, después de prepararnos, Nick y yo fuimos a buscar a los chicos. Después de asegurarnos entre risas de que no salía ningún gemido de la habitación nos atrevimos a llamar a la puerta, arriesgándonos a sufrir un ataque de mal humor matutino por parte de Mer, quien tenía muy mal despertar.
-¡Frank, abre la puerta! –Oímos que gritaban dentro.
-Ábrela tú, no te jode. –Dijo Frank dormido.
-¿No ves que estoy en la ducha?
Y después de algunas quejas por parte del chico conseguimos que nos abrieran la puerta.
Fuimos a desayunar a la cafetería del hotel. Muy buen servicio, pero demasiada comida para mí. Una vez hubimos terminado fuimos a dar un paseo por la ciudad en un carro de caballos, el cual, al igual que las habitaciones del hotel, era para dos. Pero esta vez Mer quiso subir conmigo. Íbamos detrás de los chicos, no muy atrasados.
-Reila, el hecho de que las habitaciones sean de dos no es ninguna casualidad. Y mucho menos que tú la compartas con Nick. Este viaje lo hemos organizado el enano y yo por un simple motivo: Que acabéis juntos. Así que no seas tímida y lánzate por una vez en tu vida, porque tarde o temprano tendrá que suceder… Y mejor que sea ahora y no dentro de cuarenta años cuando no podáis disfrutar de la vida plena. –Hizo una pausa. –Lo que quiero decir es que está clarísimo que hacéis una pareja ideal y no podéis seguir perdiendo el tiempo y haciendo el tonto de esta manera. Así que te quiero ver muy cariñosa con Nick en este viaje…
-Pero…
-¿Pero qué? –Me interrumpió. –No me vengas con tonterías del tipo “no me corresponde”, “no sé si estoy preparada”, “no pegamos”, blah, blah, blah. Él está loquito por tus huesos, y se nota que tú te mueres por los suyos. ¿Qué problema hay?
En ese momento las dos guardamos silencio y Nick miró hacia atrás. Me aguantó la mirada unos segundos y siguió hablando con Frank. Supongo que este le estaría echando el mismo discurso…
La verdad es que me habría gustado ver las cosas como las veía Mer: tan sencillas, porque seguramente eran así de simples. Supongo que tendría que asumirlo: Quería a Nick. Sí, porque cuando iba a pasar la noche a casa de Frank le echaba de menos, porque ese aire tan misteriosos y callado que mostraba me hacía querer besarle, aunque intentara apartar ese pensamiento… Sabía que lo quería porque procuraba tener el mayor contacto con él, porque siempre estaba pendiente de si necesitaba algo, porque después del primer abrazo soñaba cada noche con un segundo, y un tercero, y una vida llena de abrazos como aquel. Quizá no una vida con él, eso era mucho tiempo… Pero sí una vida en la que pudiera recordar una y otra vez la intensidad del contacto…
El carro paró y de un empujón Mer me sacó de mi sueño. Me había perdido todo el paseo por ir pensando en las musarañas, así que no tenía ni idea de cómo era Londres. Por votación decidimos entrar en un centro comercial, aunque sólo fuera a mirar, ya que aún no habíamos cambiado los dólares por libras. Frank y Mer se escabulleron así que mi príncipe oscuro y yo acabamos solos otra vez.
-Me gusta esto… -Comentó Nick refiriéndose a un gorro de lana a rayas azules y blancas.
-Quedaría genial con tu pelo y tu tono de piel…
Se lo puso.
-¿Tú crees? –Dijo sonriendo cómicamente.
-Claro. –Reí un poco. –Pero te recuerdo que no tenemos dinero…
-Tampoco pensaba comprármelo, tengo como tres iguales. –Hizo un gesto de indiferencia.
Nos aburrimos de lo lindo porque claro, ¿qué puedes hacer en un centro comercial sin dinero? Sin saber dónde estaban los chicos nos sentamos en un banco a dejar pasar el tiempo.
-Hey, mira a esos… -Indiqué a Nick señalando a un grupo de chavales con guitarras.
-¿Qué?
-Pues que podríamos hablar con ellos o yo qué sé. Parecen guays. –Dije impotente.
-Las apariencias engañan. –Dijo antes de acostarse en el banco.
Aburrida de estar allí sentada y cansada de la actitud de mi acompañante me levanté y me dirigí a lo que aparentemente eran músicos.
-Hola. –Saludé.
-Hola, guapa. –Dijo el que llevaba el pelo negro.
-Sois músicos, ¿no?
-Ajá. Estamos formando una banda… No tenemos muy claro el nombre, pero ya nos saldrá. –Me miró de arriba abajo con unos intensos ojos verdes. -¿Y cómo te llamas?
-Gerard, por favor. Deja de hacer el imbécil, que llegamos tarde. –Dijo un chaval con gafas y un aspecto preocupado.
wow wow wow woooow ha aparecido Gerard!! :D
ResponderEliminarQué majos Mer y Frank ideando el plan para juntarlos. A ver si lo consiguen de una vez *-*
Cuando he leído lo de "arriesgándonos a sufrir un ataque de mal humor matutino por parte de Mer, quien tenía muy mal despertar" he pensado "ostia, es exactamente igual que yo" xDDD
¡Quiero ACCIÓN en Londres!
Sigue así Sheila, me encanta, lo sabes :)
sigue, sigue, sigue <3