miércoles, 2 de noviembre de 2011

18.

-¿Querías algo en particular? –Dijo le pelinegro ignorando a su compañero y acercándose más a mí.

-No, es que estoy allí con aquel chico… -Expliqué señalando a Nick, que seguía acostado en el banco. – Y como me aburría os he venido a saludar porque me habéis parecido interesantes, más que nada...

-Geeeerard… -Insistía el chico que llevaba gafas.

-Toma. –me tendió un papel y un lápiz. –Escríbeme tu número de teléfono y tu dirección. –Sonrió.

Apunté mi número y la dirección del hotel en el papel y sin más preámbulos se fueron.

Nick y yo no hablamos más del tema y ya llevábamos una semana en Londres. Visitamos todo lo que nos pareció: El Big Ben, el museo británico, el parlamento, el Piccadilly Circus, montamos en taxi, en el metro, etc. Y aunque Frank y Mer se empeñaban en dejarnos solos cada dos por tres, ni Nick ni yo nos decidíamos a dar el primer paso, él por timidez, yo porque no sabía qué decir.

Cierto día, cuando ya los dos estábamos a punto de meternos en la cama llamaron a la puerta y yo, extrañada, miré a mi compañero de habitación quien, como era habitual en él, ni se inmutó. Al abrir me encontré con una carta enfrente de la puerta y, sin esperar más, la leí.

Se trataba de una invitación anónima a una fiesta. Al parecer, sería algo como la que, unos meses antes, había organizado Frank, ya que en la carta ponía que llevara a quien quisiera y lo que quisiera. “Una grandiosa fiesta por todo lo alto en la que podrás conocer gente y pasártelo en grande”, como rezaba la invitación. También había una dirección, una fecha y una hora, como es lógico.

-¿Quién es?

-Nadie. Aquí sólo hay una invitación para ir a una “súper fiesta”… ¿Vamos a ir? –Dije cerrando la puerta y entrando.

-¿Cómo que “vamos”? Tú irás si quieres, y yo iré si quiero. –Contestó mi compañero con un tono que se había vuelto habitual durante esta última semana. Parecía desear que le odiara.

-Bueno… Había pensado que iríamos juntos. No sé, la han dejado delante de la puerta y no sabemos para quién es exactamente. Además, dice que podemos llevar a quien queramos y yo…

-Que sí, Reila. Haz lo que quieras. –Me interrumpió. -Yo ya veré qué voy a hacer. Buenas noches. –Y se acostó.

Media hora más tarde yo también me estaba metiendo en la cama y no tardé mucho en quedarme dormida.

Finalmente ambos decidimos ir a la tan nombrada fiesta sólo que cada uno por su lado. Mer y Frank también estaban invitados, y ¿cómo iban ellos a perderse algo como aquello?

Para esta ocasión no pensaba arreglarme tanto como había hecho hacía casi un año, decidí ponerme un pantalón negro ajustado y una camiseta cortada por mí misma con la que se me veían los dos costados. Ni siquiera me molestaría en peinarme y de maquillaje llevaría algo tan básico como la raya negra en los ojos.

Cuando llegamos la fiesta ya había empezado. Poco a poco nos fuimos separando y acabé sentada en la barra del mini bar con una copa en la mano y a punto de llorar. La situación que estaba viviendo con Nick me desesperaba, y pensar en ello hacía que la melancolía arruinara la noche. Yo ya tenía claro y había asumido que me gustaba, que le quería incluso, pero, ¿y él?

Una lágrima amenazaba con revelar mi profunda decepción cuando alguien me tocó el hombro.

-¡Has venido!

Al girarme pude ver que quien me hablaba era el chico que había conocido una semana atrás. Disimulando mi expresión le saludé y empezamos a hablar. Se presentó, ya que la primera vez no había tenido ocasión. Me habló sobre su interés por la música y sobre su futura banda, para la cual no había encontrado un nombre aún.

-¿Y tú novio? –Preguntó al cabo de un rato.

-¿Nick? –me sobresalté. –Él no es mi novio.

-Ah… -Hizo una pausa y sonrió. -¿Bailamos?

-Esta música es inbailable. Además, yo no sé bailar.

-Bah, yo te enseño.

Y sin decir nada más me agarró por un brazo y me arrastró hasta el centro del salón.

Después de 15 minutos haciendo movimientos de cadera sin sentido y con desgana me excusé para ir al baño y refrescarme un poco. Al salir me prohibí a mí misma volver a aquella habitación con Gerard y, como no me encontraba muy bien, preferí salir a la soledad del jardín.

Casi no se veía la luna y sólo la luz que se precipitaba por las ventanas iluminaba el exterior de la casa. Me apoyé en la pared y me dejé caer hasta quedar sentada en la hierba, y una vez allí, sin nadie a mi alrededor, empecé a llorar.

Supongo que el alcohol en vena afectaba a mi estado de ánimo pero, sin duda la culpa de todo aquello era no saber si Nick sentía lo mismo que yo.

Pasé allí sentada, dejando que la suave brisa secara mis lágrimas, alrededor de 20 minutos, entonces dejé caer la cabeza hacia atrás, mirando el cielo estrellado.

-¿Qué haces aquí? –Oí que decía una voz áspera.

Le miré y él me miraba. Nick mantenía su rostro serio y no parecía haber bebido, ni siquiera parecía que estuviera en una fiesta.

-Lo mismo podría preguntar yo. –Me apresuré a ocultar las lágrimas.

-No hay nada que me interese ahí dentro.

-¿Es que no hay ninguna chica que te parezca lo suficientemente buena como para beber por ella?

Los dos guardamos silencio, no mucho tiempo pero sí un silencio profundo y lleno de secretos.

–Pues no. La única chica que merece la pena está aquí fuera llorando.

Mi corazón se aceleró y mis pupilas disminuyeron de tamaño; lo imposible empezó a parecerme posible y viceversa. Me sudaban las manos y ninguna postura parecía cómoda.

-¿Qué? –Pregunté tímidamente.

-No me hagas repetirlo…

-¿Estás seguro de que no has bebido?

-Sí, he bebido… No demasiado, pero te aseguro que si no lo hubiera hecho esto no estaría pasando. -Hizo una pausa y, al ver que no contestaba, dijo: -Reila, esto es una declaración, claramente. Quizá no es el momento ni el lugar, tú tienes el maquillaje corrido por las lágrimas y yo estoy un poco borracho… Pero es algo sincero. Los sueños, esos en los que tú eres la protagonista, no cesan. Y supongo que es cosa del destino… Aunque sé que no crees en eso, porque yo tampoco. Reila, te quiero, ¿vale? Y ten en cuenta que nunca le he dicho un te quiero a nadie. No voy a explicarte el porqué, ni voy a echarte un discurso sobre lo grande que eres, pero te pido que me creas, que entiendas lo que te digo aunque no tenga explicación. Ni siquiera te pido que me quieras, sólo que me creas sin condición.

-Es perfecto. Quiero decir, este lugar y este momento… Quizá no es como en un cuento de hadas, pero esto al menos es real. La gente está ahí dentro pasándoselo bien y tú has preferido estar aquí y decirme esto… Eso significa que te importo tanto como para sacrificar una noche por mí.

No puede ser mejor.

-No es un sacrificio, pasaría cada noche a tu lado si hiciera falta.

1 comentario:

  1. ¡¡¡POR FIN, POR FIN, POR FIN!!! *me pongo a saltar encima del sofá por la emoción*

    Se lo ha dicho!!! Ya era hora, joder u.u
    Estaba a punto de meterme en la historia y amenazarles con un hacha hasta que alguno de ellos se declarase... xDDD
    "-No es un sacrificio, pasaría cada noche a tu lado si hiciera falta." Awww es tan genial, tan tierno en el fondo *.*
    Pobre Gerard, ha pasado de él. A ver si se encuentra con Frank... O con Frank y Mer, *cof-TRIO-cof* xDDD

    La espera ha merecido la pena.
    Espero que esta vez lo sigas antes o.. Iré hasta allá con mi hacha para que escribas ¬¬
    Ok, no xD Pero... SÍGUELO PRONTO!

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