domingo, 21 de agosto de 2011

1.

Eran las siete de la tarde y estaba leyendo “14 relatos oscuros”, algo acorde con mi personalidad puesto que yo era bastante oscura. Leía mucho, ya que vivía sola a pesar de tener sólo 16 años, pero nada de romances, no soportaba esas estúpidas historias tan inverosímiles. No había pisado el instituto desde hacía bastante tiempo, pero no me quedaba atrás en los estudios. Se podía decir que internet era mi profesor y mi habitación, la clase. Salía de mi casa lo justo y necesario: para hacer la compra y poco más. Tampoco tenía con quién salir o qué hacer por ahí. Vivía y pagaba mis lujos con una pensión de orfandad que me daban por la muerte de mis padres.

Cuando terminé de de leer el relato número diez decidí salir a ver una película. Me vestí: camiseta negra con la frase “Fuck this shit” en blanco, pantalón vaquero con las rodillas rajadas y converse negras. Llevaba el pelo, teñido de azul, suelto y la muñeca derecha llena de pulseras con pinchos, símbolos, frases, etc. Mientras que en la izquierda llevaba una muñequera de Nirvana.

Cogí dinero para el cine y mi Ipod. Lo encendí, me puse los cascos y empezó a sonar Get SCARED. Por la calle me crucé con un par de de personas, todas bien abrigadas. Era una noche de invierno muy fría, pero me daba igual, ya podría darme un ataque de hipotermia allí mismo que ni a mí ni a nadie le iba a importar. Entre lo delgada que estaba y las enormes ojeras que surcaban mi rostro cualquiera pensaría que era una drogadicta, y la verdad es que no había probado una sola droga en mi vida. Ni siquiera el tabaco, eso era lo que había matado a mis padres y no iba a caer en ese saco. Nadie se apiadaría de mí con las pintas que llevaba.

Cuando crucé la esquina de mi calle alguien tropezó conmigo y la caja que llevaba en las manos cayó al suelo.

-Oh, perdón. –Dijimos a unísono.

Me agaché inmediatamente para recogerlo todo: Libros, CD’s y cuadernos. Perfectamente aquello podía haber sido mío. Y mientras yo metía las cosas dentro de la caja la otra persona me miraba desde arriba, sin moverse y sin hablar. Cuando hube terminado me levanté y se la tendí, entonces pude ver sus ojos, o parte de ellos porque el flequillo negro no me dejaba apreciar bien su mirada. Sólo veía las ojeras bien marcadas que se le notaban por debajo. Era un chico, eso estaba claro, no conseguía verle bien debido a que era una noche muy cerrada.

Cogió su caja y se fue tan rápido que no me dio tiempo a decirle nada. No le di importancia. Entonces me di cuenta de que había puesto mi Ipod junto con las otras cosas y me di la vuelta para alcanzarle, pero no había ni rastro de él.

-Bah, no merece la pena. Ya me compraré otro. – dije con mi indiferencia habitual. Y seguí caminando.

Llegué a casa cansada y con una extraña sensación en el cuerpo. Casi no había prestado atención a la película, no podía dejar de pensar en aquel chico que parecía tan singular.

Nunca me había topado con alguien como yo, yo era la única “rarita” en la zona y bueno, al principio no le di importancia pero luego empecé a sentir cierta curiosidad por encontrar a alguien con quien compartir mis gustos.

Miré por la ventana porque me había parecido oír llover y me encantaba mirar las gotas caer sobre el cristal. Pero lo único que vi fue la luz de la casa de enfrente, que estaba encendida.

-Imposible, ahí no vive nadie desde hace dos años. ¿La habrán vendido? –pensé.

En ese momento alguien abrió la cortina, y pude ver quién era.

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