Esa noche no se diferenciaba en nada a las anteriores. Vale, por la tarde había tenido unas plenas horas de sueño pero ahora volvía a atacarme el insomnio y por lo visto Nick también tenía problemas para dormir. Cada cierto tiempo oía cómo salía de la habitación y entraba en el baño, abría el grifo del lavamanos para después de unos momentos cerrarlos y volver a la cama. Sé que se acostaba porque oía cómo se dejaba caer sobre el colchón a través de la pared, pero a juzgar por la cantidad de vueltas que daba sobre sí mismo parecía que no pegaba ojo.
Rendida ante la imposibilidad de dormir me levanté.
-¿Estás bien? –Pregunté desde la puerta de la habitación en la que estaba Nick.
-Oh, ¿te he despertado? Lo siento, de verdad. Yo…
-No, no. Tranquilo… -Le interrumpí. –Si yo tampoco puedo dormir.
Entré y me senté a los pies de la cama. Nick se había sentado con las piernas cruzadas al oír que estaba en la puerta y había espacio suficiente como para que no nos tocáramos el uno al otro.
-¿Te preocupa algo?
¿De verdad esperaba que si me preocupaba algo se lo contara a él, que no le conocía de nada? Bueno, lo había metido en mi casa así que…
-No, pesadillas. Ya sabes…
-Sí, lo sé muy bien. –Parecía apenado.
-¿A sí? –Le miré.
-También tengo pesadillas.
-Bueno, ¿y qué aparece en tus pesadillas?
-Es privado.
-Venga, si me lo cuentas yo te cuento las mías. –Sonreí ligeramente. Y al instante pensé que era idiota, ¿desde cuándo me importaban las pesadillas de los demás? Bastante tenía con las mías.
Río por lo bajo.
-Las tuyas son fáciles de adivinar. Sueñas con la muerte de tus padres –Dijo con el rostro serio y agachando un poco la cabeza. Incluso diría que disminuyó levemente el todo de voz.
Me enfadé un poco. Creo que fue porque había perdido, una vez más. Con este chico era imposible ganar, siempre iba por delante… Como si me conociera y jugara con ventaja.
-Bueno, no me lo vas a decir, ¿no? –Pregunté seria y la situación me recordó a cuando le había preguntado su nombre.
Se lo pensó durante un momento, mirando la oscuridad que parecía devorar la ventada de la habitación. Estaba pensando cómo decirlo, seguro.
-Pues sale una chica.
-¿Cómo es? –Interrumpí de nuevo.
Me miro como si quisiera matarme y resumió:
-Muy guapa. Es una chica preciosa… Ella y yo nos conocemos por casualidades de la vida y aunque al principio no se atreven ni a tocarse al cabo del tiempo se enamoran y viven cosas maravillosas. –Hizo una pausa y me miró directa y prolongadamente a los ojos. –Pero un día la chica muere.
-¿Cómo muere? –Pregunté interesada mirándole a los ojos también.
-La asesinan.
-¿Quién?
-No lo sé. Siempre que estoy a punto de descubrir al imbécil que ha matado al amor de mi vida despierto y no consigo saber quién es para en el próximo sueño alejarla de él y ver cómo somos felices y comemos perdices. –Parecía que se sentía verdaderamente culpable.
-Tranquilo, sólo es un sueño. Seguro que nada de eso existe ni existirá jamás. –Intenté parecer positiva.
Bajó los ojos, que aún tenía clavados en los míos, miró mis labios unos segundos y apartó la mirada rápidamente.
-¿Puedo tomarme un té? –Preguntó tímidamente.
-Sí, vamos.
Bajamos a la cocina y tomamos el ya nombrado té. Nick parecía agotado, como si le hubieran dado una verdadera paliza.
Había conseguido que me contara bastante. Está bien empezar por saber lo que le atormentaba por las noches… Quería conocer a aquel chico, costara lo que costara y me llevara el tiempo que me llevara.
Miré cómo revolvía la bebida distraído y me di cuenta de que podría pasarme horas así, me hacía sentir muy bien. Era agradable examinar su perfil y resultaba curioso que a pesar de llevar dando vueltas en la cama durante horas tuviera el pelo exactamente igual que aquella mañana. Vale, lo tenía desordenado pero era un desorden armonioso. Hacía juego con su cara de niño y su mirada picarona. Lo que quiero decir es que le quedaba bien el pelo así, pegaba con su personalidad… o con lo poco que sabía de esta.
-Reila…
-¿Si?
-¿Podrías dejar de mirarme? Es que te estoy viendo por el rabillo del ojo y me estás poniendo nervioso.
Me sonrojé. Me sonrojé muchísimo y no tanto porque supiera que le estaba mirando sino por pensar en lo idiota que era por creer que me iba a decir algo bonito, algo profundo o misterioso. Como acostumbraba…
-Esto… Sí, lo siento. –Dejé mi taza de té vacía en el fregadero. –Creo que voy a la cama, a intentar dormir. –Salí corriendo, subí las escaleras y entré en mi habitación.
Después de un cuarto de hora oí que abrían un poco la puerta
-Reila, ¿estás dormida?
-No… -Admití.
Vale, sigo pensando que ese chico es muy raro... Me encanta *o*
ResponderEliminarNo me extraña que te enamores de tus personajes xDD
Y para qué la llama ahora? Quiero saberlo ya u.u
Genial todo, ya sabes :)